Alberione e la Famiglia Paolina
 

El laicado en la obra del P. Alberione: desarrollo histórico
y doctrinal de los Cooperadores paulinos

Benito D. Spoletini, ssp

I. Los Cooperadores en su desarrollo histórico

1. El porqué de un nombre

En el artículo primero del Estatuto de la Unión Cooperadores de la Buena Prensa se lee que “ha sido fundada en Alba, bajo la protección de san Pablo”. Lo que nos da la clave para comprender el término “cooperador”. Conocedor de la vida y de las cartas de san Pablo, al cual pensaba dedicar su obra, el P. Alberione se inspiró en él que, repetidamente, designaba con la palabra cooperadores, colaboradores, a aquellos cristianos que prestaban su cooperación para que el evangelio fuera predicado con mayor amplitud y eficacia.

No se trata, pues, de un acercamiento circunstancial a otros grupos ya existentes. El P. Alberione, en la praxis de san Pablo, encontraba motivos suficientes para fundamentar su elección. Valga, entre muchos, un texto que le era familiar: “Exhorto a Evodia y a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, mi fiel compañero, te pido que las ayudes, porque ellas lucharon conmigo en la predicación del evangelio, junto con Clemente y mis demás cooperadores, cuyos nombres están escritos en el Libro de la vida” (Flp. 4, 3; cfr. también Rom. 16, 3. 9; 2 Cor. 8, 23; Flp. 2, 25; 1 Tes. 3, 2; etc.).

Hay un texto que no podemos omitir aquí. Pertenece a la tercera carta de Juan y recuerda explícitamente un tipo de cooperación que el P. Alberione supo promover muy tempranamente, y se refiere a los simples cristianos: “Harás bien en ayudar (a los misioneros) para que puedan proseguir su viaje de una manera digna de Dios, porque ellos se pusieron en camino para servir a Cristo, sin aceptar nada de los paganos. Por eso debemos acogerlos a fin de cooperar con ellos en favor de la verdad” (w. 6-8). Un comentarista anota: “Todas las formas de ayuda otorgadas a los misioneros cristianos representan una colaboración a la misión de Cristo, es decir, al conocimiento de la verdad (revelación anunciada por Cristo). El versículo revela una profunda motivación teológica”.

Todo calculado, él buscaba cooperadores para el evangelio siguiendo el estilo de Pablo, cristianos que dieran a la obra una multiforme contribución, que va de la orientación a las vocaciones y de la ayuda económica a la evangelización directa.

2. En la prehistoria de las fundaciones paulinas

El P. Alberione experimenta tempranamente la necesidad de “prepararse para hacer algo para el Señor y los hombres del nuevo siglo con los cuales habría debido vivir” (AD 15). Por ello necesita encontrar otras personas con las cuales compartir el mismo ideal y, juntamente con él, organizarse para realizarlo y obrar de tal manera que el nuevo siglo naciera compenetrado por el espíritu de Cristo.

En una meditación dirigida a las Hijas de San Pablo el 6 de diciembre de 1954, refiriéndose a la pesca milagrosa, agrega: “Y entonces, narra .el evangelio, annuerunt sociis, llamaron a los compañeros para arrastrar las redes llenas de peces, para llevarlos a la playa y dividir los peces buenos de los que no servían. En 1908 he escuchado esta invitación de mi director espiritual: ‘Siempre recuerda el annuerunt sociis’. Es necesario buscar la colaboración de personas. Entonces se empezó la búsqueda de cooperadores” (Pr PM, marzo-diciembre, 1954, Roma, 1957, p. 159).

Era el comienzo de su diálogo con el laicado que habría de continuar por más de sesenta años y, a veces – especialmente en los principios –, en forma directa; más frecuentemente por medio de la revista a ellos dirigida.

En sus apuntes autobiográficos - Abundantes divitiae (AD), el P. Alberione narra que en la misa de la mañana presentaba al Señor, como primicia, a los cooperadores, juntamente con los futuros miembros de la Familia paulina, y recuerda con profunda gratitud a las personas que lo acompañaron con la oración, la ayuda económica y la generosa entrega personal para que pudiera realizar el proyecto que el Señor le había inspirado (cfr. AD 162).

Iniciadas las dos primeras ramas de la Familia paulina (Sociedad de San Pablo, 1914; Hijas de San Pablo, 1915), piensa también en dar vida a una “tercera orden que, espera, será pronto canónicamente erigida y que estará constituida por los cooperadores de uno y otro sexo... Esta orden, en realidad, ya existe”, refiere el estudiante de teología José Timoteo Giaccardo en su diario, al compendiar un discurso del Fundador.

3. En las raíces: entregas de vidas

Antes de introducirnos en las múltiples formas de cooperación que precedieron, acompañaron y siguieron las fundaciones paulinas, deseo detenerme sobre una forma particular que, salvo en los primeros tiempos, no se la ha ponderado debidamente, sobre todo si se la considera a la luz de la mística paulina.

Hubo personas que ofrecieron su vida para que la obra del P. Alberione tuviera éxito (AD 161). El seminarista Giaccardo, con su acostumbrada sensibilidad y finura, dejó escrito que hubo hombres y mujeres que, previendo “en la obra paulina un fecundo porvenir para la gloria de Dios, ofrecieron generosamente su vida... para asegurarle perennidad y desarrollo en la Iglesia”. Nos limitamos a reproducir dos testimonios, suficientes para expresar cuán profunda fue la fe y grande el amor de los primeros cooperadores. Uno decía: “Me daría por satisfecho si la Obra surgiera sobre mis cenizas” (R. C.). El otro afirmaba: “Ofrezco gustoso mi pobre vida para que su Obra produzca frutos de gloria eterna” (G. G.).

El P. Alberione supo apreciar debidamente estas entregas heroicas y en AD 161-162, después de haber anotado algunos nombres, agrega, como para estimularnos a no olvidarlos jamás: “Las Familias paulinas son el resultado de innumerables sacrificios, oraciones y donaciones de muchos años” (AD 163).

4. Múltiples formas de cooperación

Además de las “donaciones de vida”, el P. Alberione supo promover en derredor de su obra las más inesperadas y atrevidas formas de cooperación. Desde las páginas del boletín Unión de Cooperadores de la Buena Prensa como de la revista Vida Pastoral, él confiaba sus proyectos tanto a los laicos como a los sacerdotes. Las respuestas fueron generosas y numerosas. Verdaderamente su creatividad imitó a la de san Pablo. El volumen La primavera paolina constituye, en este aspecto, una cantera inagotable.

La primera y más solicitada cooperación fue la espiritual. El P. Alberione, hombre de Dios, estaba convencido de que sin la ayuda del Espíritu no habría llegado nunca muy lejos. También tuvo la ayuda de las vocaciones. Son muchísimos los paulinos y paulinas de la primera hora que deben su llegada a “San Pablo”, como se decía entonces, a la obra de los cooperadores y de las cooperadoras que los orientaban allí. Fue muy abundante la cooperación económica: comida y dinero, ladrillos y otros elementos para las construcciones que el P. Alberione iba realizando con el crecer de la familia. En este campo, revela una gran humildad y, al mismo tiempo, una ilimitada confianza en la Providencia.

En enero de 1927, confía a los cooperadores un nuevo campo de trabajo, una iniciativa especial y soñada desde largo tiempo: la Domenica Illustrata. Pide oraciones, colaboración y difusión. Está seguro que la nueva revista llevará muchas bendiciones de Dios a las familias que “son las sanas células de la Iglesia y de la sociedad”. En la misma ocasión, habla del nuevo templo dedicado a san Pablo (Alba) que será la iglesia de los cooperadores y afirma que sus oraciones, súplicas, actos de virtud y la santa misa... “constituyen nuestra constante confianza, la totalidad de nuestros recursos y nuestro único fondo”. E insiste: “Por ella (la iglesia en construcción) tendemos la mano y pedimos la colaboración de todos los buenos cooperadores. (cfr. Mi protendo in avanti, Alba 1954, p. 488). Y los alienta con la exhortación, muy frecuente en él: “Se hace merecedor del mismo premio del apóstol el que ayuda al apóstol”.

Para él, que quería que sus hijos se sustentaran con el propio trabajo, no existe ninguna vergüenza ni nada lo hace retroceder cuando se trata de la obra de Dios. Ya avanzado en edad, en 1957, pide ayudas para terminar la Casa Divino Maestro de Ariccia. Suscita ternura leerlo: “Me dirijo con mucha confianza a todos los cooperadores para que inclusive en esta obra me presten su apoyo”.

5. La colaboración más ambicionada y una testigo

Además de la oración y de las vocaciones, la colaboración más deseada fue la referida a su apostolado específico: escribir, difundir, hacer llegar el mensaje de salvación al mayor número de personas “con los medios más rápidos y eficaces”.

El volumen La primavera paolina (PP) ofrece innumerables testimonios que van de la difusión de los periódicos católicos a las ediciones del evangelio, a las Jornadas del evangelio, al evangelio en cada familia, etcétera.

A este punto, me parece justo subrayar la presencia de una excepcional cooperadora que puede ser señalada como modelo no sólo de la cooperación de la primera hora, sino de siempre. Me refiero a la señora Amalia Vitali Cavazza (1866-1921), que, al decir del mismo P. Alberione, tuvo para la obra, para la persona del Fundador y sus primeros discípulos una actitud verdaderamente materna. Podríamos, en nuestro tiempo, definirla una “cooperadora símbolo”. En su generosidad y finura de mujer noble, culta y valiente, encontramos todas las variadas facetas de la colaboración paulina: desde la oración a la ayuda vocacional, desde las muy generosas contribuciones económicas al aspecto paulino, como escribir libros y artículos, corregir las pruebas de imprenta, difundir la buena prensa... Las páginas que, con gratitud y conmoción, la recuerdan en La primavera paolina, no deberíamos olvidarlas nunca. También hoy pueden ser una fuente de inspiración para los cooperadores y todos los paulinos. (cfr. PP 301-303; AD 162 y 169).

6. Nacimiento “jurídico” de la Unión de Cooperadores

Semejante colaboración no podía contar únicamente con la buena voluntad de las personas y la genialidad del P. Alberione. Era necesario estructurarla y canalizarla en un organismo que, alcanzada la aprobación de la autoridad eclesiástica, ofreciera la garantía de la continuidad.

El 30 de junio de 1917, monseñor Francisco José Re, obispo de Alba, dio su aprobación a la Unión de Cooperadores del Apostolado de la Prensa (UCAP), nombre de la nueva institución, recomendándola vivamente. El 29 de setiembre de 1918, aprobó su Estatuto. La UCAP tenía como protector a san Pablo; su fin era la difusión de la buena prensa mediante las oraciones, las limosnas y las obras: escribir, propagar la buena prensa y combatir la mala.

Hay otra fecha digna de recordar que demuestra cuánto confía el P. Alberione en esta tercera rama. El 25 de octubre del mismo año vio la luz, por primera vez, el boletín Unión de Cooperadores del Apostolado de la Prensa. El P. Alberione quiso dar realce al acontecimiento. Los diez mil ejemplares impresos, antes de ser despachados a los cooperadores, a los bienhechores y a los amigos de la obra, los hizo disponer ante el Sagrario invocando sobre ellos la bendición del Señor. El seminarista Giaccardo, en su diario, transcribe la razón: “Nosotros hemos hecho lo posible para que (este folleto) fuera hermoso y apto, pero si Dios no lo bendice, de nada sirven nuestros esmeros; pero, con la bendición de Dios, penetrará y producirá frutos... Es necesario que estemos profundamente convencidos de que erigir la obra de la Buena Prensa constituye un gran milagro, y Dios hará este milagro”.

La sede de la UCAP fue establecida en la ciudad de Alba, donde quedó hasta 1937, cuando fue trasladada a la Casa General de Roma.

II. Los Cooperadores en la reflexión del Fundador

No nos es posible reproducir todo lo escrito por el Fundador acerca de los cooperadores. Su pensamiento se halla vertido en innumerables escritos, casi siempre asistemáticos, ocasionales, en artículos, notas, fascículos, cartas, meditaciones, etcétera. Nuestra búsqueda, sin embargo, queda facilitada por el hecho de que él, deliberadamente, se mueve en derredor de algunas ideas fundamentales, con pocas variantes, inspiradas por las circunstancias. En lo sustancial, su pensamiento es lineal, constante y coherente, con matices y retoques que lo hacen progresar gradualmente hasta que los cooperadores toman los rasgos de una rama paulina. (En el fondo, la idea con que había partido ya en 1917).

1. Los documentos “oficiales”

Aquí me ha sido de gran utilidad el volumen del historiador Giancarlo Rocca sobre “La formación de la Pía Sociedad de San Pablo (1914-1927), Roma 1982. Los documentos “oficiales” que él publica con frecuencia se topan con los de los cooperadores, presentes desde los comienzos en la obra del P. Alberione. Extracto de ellos los datos relativos a los aspectos jurídicos.

a) El Estatuto de la Unión, aprobado el 29 de setiembre de 1918, consta de cinco artículos y siete normas. En él se describe el fin de la UCAP, los medios, el protector, el portavoz (el boletín), la sede y la fiesta patronal. En las normas se precisa que no sólo las personas sino también las asociaciones pueden inscribirse a la Unión. Llama la atención la norma n. 2 que aclara que: “será útil declarar (al inscribirse) con cuál medio se piensa cooperar con la buena prensa”–: oración, ayuda económica, obras (conferencias, escritos, difusión, etcétera). Todo estaba orientado a la difusión de la buena prensa bajo la protección de san Pablo.

b) El 31 de diciembre de 1921, monseñor Re presenta a la Sagrada Congregación de los Religiosos un largo memorándum del Fundador sobre la historia de la obra, en el cual se afirma: “La Pía Sociedad de San Pablo se compone de dos ramas: una masculina, y la otra femenina, ambas de vida común y con votos; y de una tercera rama, constituida por los cooperadores y las cooperadoras de la buena prensa que viven en el mundo” (subrayado nuestro). Hay, además, dos referencias en una de las cuales se afirma que los cooperadores son “muy celosos y realizan muchas obras buenas. Entre ellos unos han ofrendado su vida para el desarrollo de la Pía Sociedad de San Pablo, y se quitan literalmente el pan de la boca a favor de la buena prensa”. En ese entonces superan los quinientos miembros. (Rocca G., o. c., pp. 565 y 567, doc. n. 31).

c) En un folleto impreso en 1922, remitido a la Sagrada Congregación de los Religiosos por monseñor Re, se habla de los paulinos como de “los misioneros de la buena prensa”, y se dedican unas treinta líneas (muchas, por tratarse de un documento oficial) a los Auxiliares. Se trata de los “celadores, sacerdotes y laicos, los cuales, no pudiendo por razones especiales, entrar en la congregación religiosa, aun permaneciendo en el mundo, promueven con todas sus energías, y de manera muy especial, la difusión de la buena prensa según el espíritu de la Pía Sociedad de San Pablo y en total dependencia con ella, a la cual se sienten unidos mediante un estrecho vínculo espiritual”. Se habla, en modo particular, de los cooperadores sacerdotes, de los cooperadores escritores y periodistas y de los cooperadores laicos. Se refiere, además, a las vocaciones para la Pía Sociedad de San Pablo y las Hijas de San Pablo que ellos deben favorecer.

d) El P. Alberione se preocupa también de los favores espirituales a beneficio de los cooperadores, como resulta del documento n. 43, que reproduce un rescrito de la Sagrada Penitenciaría Apostólica, en el cual se enumeran las indulgencias especiales y los favores espirituales otorgados a los miembros de la Pía Sociedad de San Pablo y a los inscriptos a la Unión de Cooperadores.

e) En un documento sin fecha, seguramente enero de 1923, el P. Alberione debe explicar la actividad de los cooperadores a la Sagrada Congregación de Religiosos, ya que ésta había solicitado informes precisos acerca de la naturaleza jurídica de la pía Unión. El documento, escrito a mano, repite en doce puntos su pensamiento con algunas variantes. Al final, hablando de la situación del momento, afirma que los inscriptos son ocho mil. Giancarlo Rocca hace hincapié en que en este documento “los cooperadores aparecen estrechamente unidos a la Pía Sociedad de San Pablo y a las Hijas de San Pablo, como personas que no pudiendo entrar en el Instituto, viven su espíritu en el mundo” (o.c. p. 597).

f) El 25 de marzo de 1926, mediante una súplica impresa, dirigida al papa Pío XI, el P. Alberione, además de mencionar las tres ramas (masculina, femenina y... Pías Discípulas) que constituyen la actual Pía Sociedad de San Pablo, recuerda la rama de los cooperadores de la buena prensa. Se trata de aquellas personas que con los escritos, las donaciones, las oraciones y la difusión ayudan a la Pía Sociedad de San Pablo. Manifiesta que son más de diez mil y fueron favorecidos con indulgencias especiales por la Santa Sede (Doc. 77).

g) Por último, la autoridad eclesiástica vuelve a referirse a los cooperadores el 22 de marzo de 1937, cuando el cardenal vicario de Roma, Marchetti Selvaggiani, concede el traslado de la sede de la UCAP a Roma, en la Casa General de la Pía Sociedad de San Pablo, y aprueba las normas contenidas en la misma petición.

2. De Pía Unión a Asociación Internacional

Ahora, tratándose de los aspectos jurídicos u oficiales, me parece justo señalar dos cosas: la publicación del estatuto de la Unión y el cambio de la misma en asociación.

El presente Estatuto fue puesto al día, en el lenguaje y en el contenido, en base al Concilio Vaticano II y al Capítulo Especial de la Sociedad de San Pablo (1969-1971) y, además, a la experiencia adquirida en estos años por la Familia paulina de la cual los cooperadores quieren imitar la vida religiosa (cfr. El manuale Unione Cooperatori Paolini. Statuto, Roma, 1985, pp. 5-6).

El cambio de nombre fue firmado el 11 de marzo de 1988. El decreto de “Consociatio universalis atque internationalis”, lleva la firma del cardenal Jeróme Hamer y de monseñor Vincenzo Fagiolo, respectivamente Prefecto y Secretario de la Congregación de los Religiosos e Institutos Seculares. Este cambio implica las novedades consideradas por el Derecho Canónico de conformidad con los cánones 303-305.

En las Constituciones de 1956 se trata de los cooperadores en cuatro artículos, pero sólo de paso. Dos artículos hablan de la actividad apostólica (artículos 235 y 247) y dos de los sufragios (arts. 277 y 278; en este último se habla de cooperadores y bienhechores...).

Hay que llegar a las Constituciones de la Sociedad de San Pablo, aprobadas en 1984, para encontrar en la lista de la Familia paulina a los cooperadores como una rama de la misma (cfr. art. 3). A su vez el artículo 86.4 sugiere cuidar, según el pensamiento del Fundador, “la vocación y la formación de los cooperadores paulinos”. Era el objetivo del P. Alberione finalmente codificado.

3. En los escritos formativos

En esta sección doy por sentado que en la elección de los textos no he seguido un rígido orden cronológico, sino un orden indicativo, dirigido a esbozar el perfil del cooperador paulino: su actividad pastoral y su vida espiritual.

a) La primera alusión la encontramos en un programa fechado el día de la Asunción de 1916 con un lacónico “que nos fue dado por el teólogo Santiago Alberione”. En él se dice: “La obra más urgente de nuestros tiempos es la de la prensa. Nuestro Señor, como siempre, suministrará los medios para enfrentar las necesidades actuales. Lo que hoy parece más necesario es una especie de congregación religiosa dividida en tres ramas”. Después de haber descrito la rama “masculino-religiosa” y la “femenino-religiosa”, habla de la tercera: “laica masculino-femenina: personas que, viviendo en el mundo, cooperan con las otras dos ramas mediante la oración y las obras, escribiendo, ayudándolas con donaciones, etcétera, etcétera” (G. Rocca, o.c., doc. 11, pp. 551-552).

b) El P. Alberione siente que los cooperadores constituyen una necesidad para ampliar el campo de apostolado. Por lo tanto recuerda a Jesús que “además de los doce apóstoles, eligió también a setenta y dos discípulos para que fueran a cada ciudad a preparar el camino para cuando él llegara a predicar la buena nueva” (Pr. CO 673, 1958). Imita la conducta de san Pablo que “era diligentísimo en procurarse cooperadores. A esto debemos llegar también nosotros y ésta debe ser también nuestra intención: encontrar personas que cooperen con nosotros y estén identificadas con el espíritu paulino” (id.).

Siente fuertemente las ventajas que posee el laico acerca del apostolado: él puede entrar en las fábricas, en el parlamento, en la universidad, en los medios de comunicación porque el sacerdote y los religiosos y las religiosas, hoy, no pueden más enfrentar solos las necesidades de la Iglesia y los enemigos que la acechan. “Por lo tanto, es nuestro deber buscar personas que se unan a nosotros en el apostolado, para que el bien pueda multiplicarse” (cfr. Raggio, 1958, n. 3, pp. 74-75).

c) Quiere que los cooperadores sean numerosos. Piensa en la Sociedad de San Pablo como un “ejército muy numeroso”; con los religiosos que forman los “batallones más importantes”, que deben colaborar “todos, grandes y pequeños, hombres y mujeres”, una multitud de personas. Por lo tanto se está rezando para “alcanzar la gracia de un buen desarrollo de los cooperadores. Para esto se debe trabajar mucho” (Prediche ai Cooperatori [Pr CO] 653, 1939).

Esta fue una constante en el pensamiento del P. Alberione. En La primavera paolina encontramos un texto muy hermoso (y tal vez nunca debidamente desarrollado) que vale la pena transcribir. En el Reglamento que sigue al Estatuto, se lee: “1. Pueden ser admitidos como cooperadores del Apostolado de la Prensa tanto los adultos como los jovencitos de los dos sexos... conforme al espíritu de la Pía Sociedad de San Pablo”. Verdaderamente el P. Alberione también acerca del laicado fue un profeta. Y quede claro: no quería una unión elitista, sino abierta y eclesial (cfr. PP 1115ss., texto de 1927).

d) El P. Alberione quiere que los cooperadores estén organizados. Esta es otra constante de toda su obra. Tal vez sobre ningún otro tema ha escrito tanto como acerca de los cooperadores y tal vez como en ningún otro tema ha tenido tan poco éxito. Pensaba en los grupos parroquiales que debían comprometer al párroco. Quería un responsable de grupo como corresponsal con la sede central. La organización, según sus palabras, es el único modo de robustecer el bien. Y comprueba que: “Hasta ahora siempre se ha dicho y hecho lo que se pudo; ahora es necesario que se explique mejor y que se haga más: es necesario que se haga algo estable. Lo pasajero es bueno, pero lo estable es mejor. Tener conocidos también es bueno, pero es mejor tener amigos. Precisamente cooperadores en todos los pueblos. También para esto será necesaria mucha paciencia y mucha oración” (Pr CO 650, 1931).

El P. Alberione quiere una oficina central que los ayude y los siga (Spiegazione delle Costituzioni delle FSP, p. 338). Además: “Toda casa paulina tenga una secretaría para los cooperadores. Haya quien la dirija con sabiduría y amor” (CISP 169, 4). En La primavera paolina hay toda una sección dedicada a la organización parroquial (PP 1069, 1125). La organización incluye todos los campos, pero especialmente el de la cooperación vocacional (CISP 1447) y el específico de la comunicación social (cfr. Pr. PM., 1954, marzo-diciembre, p. 158, b). Es interesante la iniciativa reproducida en La primavera paolina acerca de la “organización de los Cooperadores Escritores Católicos... unidos a la Sociedad (paulina)... Tendrán un carnet y formarán una sección especial...” (PP 1094).

e) Además quiere que los cooperadores estén debidamente formados. Es ésta una constante más de su pensamiento, aunque también en este argumento hizo lo que podía. Hay un texto fundamental de 1933 que oportunamente resume sus ideas: “No hay que considerar como cooperadores sólo a las personas que entregan donaciones; sino que debéis mirar al espíritu. Antes debemos dar nosotros. Es necesario que deis mucho, si queréis recibir mucho: ejercicios espirituales, invitaciones a las obras buenas, vivir más cerca de Jesús, y cuando habréis dado, recibiréis. Haced que estas personas amen al Señor. Si no dais, siempre quedaréis pobres...” (Pr CO 651).

La primavera paolina registra muchas iniciativas propias del mismo Fundador. En la UCAP del 20 de julio de 1926, se recuerdan las conferencias desarrolladas en este período y en las cuales intervinieron cooperadores de Alba y de otros lugares (p. 587). Siempre en UCAP del 25 de julio de 1925 se hace conocer un largo informe de la “Reunión de los Cooperadores del Apostolado de la Prensa”, señalando los temas tratados (PP 1074, 1078).

De estas simples y conmovedoras páginas, queremos rescatar dos joyas: “La Unión de Cooperadores es el gran medio, el cuerpo sano y fuerte de la misión de la buena prensa al cual Dios ha llamado la Pía Sociedad de San Pablo” (PP 1075). “San Pablo tuvo sus cooperadores y los formó para que cumplieran los tres deberes de la cooperación: oración, ayudas y difusión. Lo mismo sucede con los actuales cooperadores de la Buena Prensa que son los nuevos cooperadores de san Pablo y ocupan el lugar de los de entonces... Nosotros hemos hablado también claramente para que cada uno asumiera conscientemente los deberes que implica la gracia de ser cooperador de la Buena Prensa” (PP 1077).

f) El año 1954 el P. Alberione da los últimos toques al perfil del cooperador paulino; y establece los objetivos por alcanzar.

Objetivos que se han de alcanzar. Aunque sean muy comprometedores, los presenta con sentimiento de humildad. “Aludo, dice, solo a lo que se debería explicar largamente: 1) elegirlos (los cooperadores): más inteligentes son, mejor es; 2) formarlos con la instrucción debida y a través de su boletín; 3) organizarlos; 4) buscar la forma para llevarlos a la mayor santidad y a mejorar su vida cristiana; 5) encauzar sus energías hacia la misión de la Familia paulina, es decir, la difusión de la doctrina cristiana con los medios más modernos” (Pr CO 662, 1954).

Cómo son pensados. “Son personas que comprenden a la Familia paulina y, con ella, constituyen una unión de espíritu y de objetivos. Abrazan, de la forma a ellos posible, los dos objetivos principales (santificación y apostolado) y ayudan según sus posibilidades... Los cooperadores quieren imitar la vida religioso-paulina... La Familia paulina les confía sus proyectos, los hace partícipes de los medios de santificación mediante el periódico El Cooperador Paulino... En conjunto esto constituye una unidad de personas que, según el ejemplo de san Pablo, se ayudan a promover la gloria de Dios y la paz de los hombres” (CISP 384s.).

Después de esto, no causa admiración ver la Unión de Cooperadores nombrada entre las diez ramas de la Familia paulina en las instrucciones del Fundador de 1960 (UPS I, 20). Reaparece aquí una expresión del lejano 1925, en la cual se afirmaba que “nosotros formamos con nuestros Amigos y Cooperadores una sola gran familia” (PP 1070).

g) Los Cooperadores y sus deberes eclesiales. Nos referimos a dos escritos que podemos definir “testamentarios” del Fundador. El primero es de 1965 y el otro de 1968.

Ante todo se recuerda que los cooperadores “han existido desde los primeros tiempos de la Iglesia” (CISP 388) y que “la cooperación paulina ha sido aprobada por la máxima autoridad eclesiástica” (id. 389). Este escrito es del 18 de diciembre de 1965. El P. Alberione siente el deber de recordar que ahora toda la Iglesia ha sido llamada a realizar el Concilio y en esta tarea “ocupan una parte importante los laicos según los apostolados y según los medios de que disponen”. A continuación cita dos textos de Apostolicam actuositatem en los cuales se recuerda a los laicos el deber de su misión en la Iglesia, es decir, edificarla y santificar el mundo en Cristo. Y agrega: “Así para la Iglesia, y así para las partes de la Iglesia. Entre estas partes está la humilde Familia paulina: que presta su servicio a la Iglesia en los caminos señalados por el Señor” (Id.).

En el escrito de 1968 rescatamos esta perla: “Los cooperadores trabajan con la Iglesia y para la Iglesia para enriquecer a la gente con los bienes (propios de la Familia paulina), mediante su preciosa actividad”.

III. Todo para hacer conocer a Jesucristo

Concluyo con un entusiasta página del Fundador en la que propone algunos desafíos que no podemos no enfrentar si queremos ser sus hijos dignos de la histórica hora que vive la Iglesia.. “A san Pablo, escribe, fue consagrada la Familia... Ella se ha abierto con mucha amplitud a todos el mundo en todo el apostolado: estudio, piedad, acción, ediciones. Las ediciones para todas las categorías de personas, todas las cuestiones y los hechos juzgados con la luz del Evangelio, las aspiraciones del corazón de Jesús en la Misa; en el único apostolado: hacer conocer a Jesucristo, iluminar y sostener todo apostolado y toda obra de bien; llevar en el corazón a todos los pueblos; hacer sentir la presencia de la Iglesia en cada problema; espíritu de adaptación en todas las necesidades públicas y privadas; todo el culto, el derecho, la unión de la justicia y de la caridad (AD 65).

Un proyecto tan vasto no podía realizarlo un solo instituto y por eso el Fundador quiso una “familia”. En ella: sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos consagrados en el mundo y simples bautizados, están llamados a comprometerse para que esto se haga realidad, en vista del Reino. Y para que no se asustaran ante las infaltables dificultades, les transmitió las reconfortantes palabras del Maestro divino: “¡No tengáis miedo! Yo estoy con vosotros!”.

P. Benito Spoletini, ssp

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