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I. Los Cooperadores en su desarrollo histórico
1. El porqué de un nombre
En
el artículo primero del Estatuto de la Unión Cooperadores de la Buena Prensa
se lee que “ha sido fundada en Alba, bajo la protección de san Pablo”. Lo que
nos da la clave para comprender el término “cooperador”.
Conocedor de la vida y de las
cartas de san Pablo, al cual pensaba dedicar su obra, el P. Alberione se
inspiró en él que, repetidamente, designaba con la palabra cooperadores,
colaboradores, a aquellos cristianos que prestaban su cooperación para que el
evangelio fuera predicado con mayor amplitud y eficacia.
No
se trata, pues, de un acercamiento circunstancial a otros grupos ya
existentes. El P. Alberione, en la praxis de san Pablo, encontraba motivos
suficientes para fundamentar su elección. Valga, entre muchos, un texto que le
era familiar:
“Exhorto a Evodia y a Síntique
que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, mi fiel compañero, te pido que
las ayudes, porque ellas lucharon conmigo en la predicación del evangelio,
junto con Clemente y mis demás cooperadores, cuyos nombres están escritos
en el Libro de la vida” (Flp. 4, 3; cfr. también Rom. 16, 3. 9; 2 Cor. 8,
23; Flp. 2, 25; 1 Tes. 3, 2; etc.).
Hay
un texto que no podemos omitir aquí. Pertenece a la tercera carta de Juan y
recuerda explícitamente un tipo de cooperación que el P. Alberione supo
promover muy tempranamente, y se refiere a los simples cristianos: “Harás bien
en ayudar (a los misioneros) para que puedan proseguir su viaje de una manera
digna de Dios, porque ellos se pusieron en camino para servir a Cristo, sin
aceptar nada de los paganos. Por eso debemos acogerlos a fin de cooperar
con ellos en favor de la verdad” (w. 6-8).
Un comentarista anota: “Todas
las formas de ayuda otorgadas a los misioneros cristianos representan una
colaboración a la misión de Cristo, es decir, al conocimiento de la verdad
(revelación anunciada por Cristo). El versículo revela una profunda motivación
teológica”.
Todo
calculado, él buscaba cooperadores para el evangelio siguiendo el estilo de
Pablo, cristianos que dieran a la obra una multiforme contribución, que va de
la orientación a las vocaciones y de la ayuda económica a la evangelización
directa.
2. En la prehistoria de las fundaciones paulinas
El
P. Alberione experimenta tempranamente la necesidad de “prepararse para hacer
algo para el Señor y los hombres del nuevo siglo con los cuales habría debido
vivir” (AD 15).
Por ello necesita encontrar
otras personas con las cuales compartir el mismo ideal y, juntamente con él,
organizarse para realizarlo y obrar de tal manera que el nuevo siglo naciera
compenetrado por el espíritu de Cristo.
En
una meditación dirigida a las Hijas de San Pablo el 6 de diciembre de 1954,
refiriéndose a la pesca milagrosa, agrega: “Y entonces, narra .el evangelio,
annuerunt sociis, llamaron a los compañeros para arrastrar las redes
llenas de peces, para llevarlos a la playa y dividir los peces buenos de los
que no servían. En 1908 he escuchado esta invitación de mi director
espiritual: ‘Siempre recuerda el annuerunt sociis’. Es necesario buscar
la colaboración de personas. Entonces se empezó la búsqueda de cooperadores” (Pr
PM,
marzo-diciembre, 1954, Roma, 1957, p. 159).
Era
el comienzo de su diálogo con el laicado que habría de continuar por más de
sesenta años y, a veces – especialmente en los principios –, en forma directa;
más frecuentemente por medio de la revista a ellos dirigida.
En
sus apuntes autobiográficos - Abundantes divitiae (AD), el P. Alberione
narra que en la misa de la mañana presentaba al Señor, como primicia, a los
cooperadores, juntamente con los futuros miembros de la Familia paulina, y
recuerda con profunda gratitud a las personas que lo acompañaron con la
oración, la ayuda económica y la generosa entrega personal para que pudiera
realizar el proyecto que el Señor le había inspirado (cfr. AD 162).
Iniciadas las dos primeras ramas de la Familia paulina (Sociedad de San Pablo,
1914; Hijas de San Pablo, 1915), piensa también en dar vida a una “tercera
orden que, espera, será pronto canónicamente erigida y que estará constituida
por los cooperadores de uno y otro sexo... Esta orden, en realidad, ya
existe”, refiere el estudiante de teología José Timoteo Giaccardo en su
diario, al compendiar un discurso del Fundador.
3. En las raíces: entregas de vidas
Antes de introducirnos en las múltiples formas de cooperación que precedieron,
acompañaron y siguieron las fundaciones paulinas, deseo detenerme sobre una
forma particular que, salvo en los primeros tiempos, no se la ha ponderado
debidamente, sobre todo si se la considera a la luz de la mística paulina.
Hubo
personas que ofrecieron su vida para que la obra del P. Alberione tuviera
éxito (AD 161). El seminarista Giaccardo, con su acostumbrada sensibilidad y
finura, dejó escrito que hubo hombres y mujeres que, previendo “en la obra
paulina un fecundo porvenir para la gloria de Dios, ofrecieron generosamente
su vida... para asegurarle perennidad y desarrollo en la Iglesia”. Nos
limitamos a reproducir dos testimonios, suficientes para expresar cuán
profunda fue la fe y grande el amor de los primeros cooperadores. Uno decía:
“Me daría por satisfecho si la Obra surgiera sobre mis cenizas” (R. C.). El
otro afirmaba: “Ofrezco gustoso mi pobre vida para que su Obra produzca frutos
de gloria eterna” (G. G.).
El
P. Alberione supo apreciar debidamente estas entregas heroicas y en AD
161-162, después de haber anotado algunos nombres, agrega, como para
estimularnos a no olvidarlos jamás: “Las Familias paulinas son el resultado de
innumerables sacrificios, oraciones y donaciones de muchos años” (AD 163).
4. Múltiples formas de cooperación
Además de las “donaciones de vida”, el P. Alberione supo promover en derredor
de su obra las más inesperadas y atrevidas formas de cooperación. Desde las
páginas del boletín Unión de Cooperadores de la Buena Prensa como de la
revista Vida Pastoral, él confiaba sus proyectos tanto a los laicos
como a los sacerdotes. Las respuestas fueron generosas y numerosas.
Verdaderamente su creatividad imitó a la de san Pablo. El volumen La
primavera paolina constituye, en este aspecto, una cantera inagotable.
La
primera y más solicitada cooperación fue la espiritual. El P. Alberione,
hombre de Dios, estaba convencido de que sin la ayuda del Espíritu no habría
llegado nunca muy lejos. También tuvo la ayuda de las vocaciones. Son
muchísimos los paulinos y paulinas de la primera hora que deben su llegada a
“San Pablo”, como se decía entonces, a la obra de los cooperadores y de las
cooperadoras que los orientaban allí. Fue muy abundante la cooperación
económica: comida y dinero, ladrillos y otros elementos para las
construcciones que el P. Alberione iba realizando con el crecer de la familia.
En este campo, revela una gran humildad y, al mismo tiempo, una ilimitada
confianza en la Providencia.
En
enero de 1927, confía a los cooperadores un nuevo campo de trabajo, una
iniciativa especial y soñada desde largo tiempo: la Domenica Illustrata.
Pide oraciones, colaboración y difusión. Está seguro que la nueva revista
llevará muchas bendiciones de Dios a las familias que “son las sanas células
de la Iglesia y de la sociedad”.
En la misma ocasión, habla del
nuevo templo dedicado a san Pablo (Alba) que será la iglesia de los
cooperadores y afirma que sus oraciones, súplicas, actos de virtud y la santa
misa... “constituyen nuestra constante confianza, la totalidad de nuestros
recursos y nuestro único fondo”. E insiste: “Por ella (la iglesia en
construcción) tendemos la mano y pedimos la colaboración de todos los buenos
cooperadores. (cfr. Mi protendo in avanti, Alba 1954, p. 488). Y los
alienta con la exhortación, muy frecuente en él: “Se hace merecedor del mismo
premio del apóstol el que ayuda al apóstol”.
Para
él, que quería que sus hijos se sustentaran con el propio trabajo, no existe
ninguna vergüenza ni nada lo hace retroceder cuando se trata de la obra de
Dios. Ya avanzado en edad, en 1957, pide ayudas para terminar la Casa Divino
Maestro de Ariccia. Suscita ternura leerlo: “Me dirijo con mucha confianza a
todos los cooperadores para que inclusive en esta obra me presten su apoyo”.
5. La colaboración más ambicionada y una testigo
Además de la oración y de las vocaciones, la colaboración más deseada fue la
referida a su apostolado específico: escribir, difundir, hacer llegar el
mensaje de salvación al mayor número de personas “con los medios más rápidos y
eficaces”.
El
volumen La primavera paolina (PP) ofrece innumerables
testimonios que van de la difusión de los periódicos católicos a las ediciones
del evangelio, a las Jornadas del evangelio, al evangelio en cada familia,
etcétera.
A
este punto, me parece justo subrayar la presencia de una excepcional
cooperadora que puede ser señalada como modelo no sólo de la cooperación de la
primera hora, sino de siempre. Me refiero a la señora Amalia Vitali Cavazza
(1866-1921), que, al decir del mismo P. Alberione, tuvo para la obra, para la
persona del Fundador y sus primeros discípulos una actitud verdaderamente
materna. Podríamos, en nuestro tiempo, definirla una “cooperadora símbolo”. En
su generosidad y finura de mujer noble, culta y valiente, encontramos todas
las variadas facetas de la colaboración paulina: desde la oración a la ayuda
vocacional, desde las muy generosas contribuciones económicas al aspecto
paulino, como escribir libros y artículos, corregir las pruebas de imprenta,
difundir la buena prensa... Las páginas que, con gratitud y conmoción, la
recuerdan en La primavera paolina, no deberíamos olvidarlas nunca.
También hoy pueden ser una fuente de inspiración para los cooperadores y todos
los paulinos. (cfr. PP 301-303; AD 162 y 169).
6. Nacimiento “jurídico” de la Unión de Cooperadores
Semejante colaboración no podía contar únicamente con la buena voluntad de las
personas y la genialidad del P. Alberione. Era necesario estructurarla y
canalizarla en un organismo que, alcanzada la aprobación de la autoridad
eclesiástica, ofreciera la garantía de la continuidad.
El
30 de junio de 1917, monseñor Francisco José Re, obispo de Alba, dio su
aprobación a la Unión de Cooperadores del Apostolado de la Prensa (UCAP),
nombre de la nueva institución, recomendándola vivamente. El 29 de setiembre
de 1918, aprobó su Estatuto. La UCAP tenía como protector a san Pablo; su fin
era la difusión de la buena prensa mediante las oraciones, las limosnas y las
obras: escribir, propagar la buena prensa y combatir la mala.
Hay
otra fecha digna de recordar que demuestra cuánto confía el P. Alberione en
esta tercera rama. El 25 de octubre del mismo año vio la luz, por primera vez,
el boletín Unión de Cooperadores del Apostolado de la Prensa. El P.
Alberione quiso dar realce al acontecimiento. Los diez mil ejemplares
impresos, antes de ser despachados a los cooperadores, a los bienhechores y a
los amigos de la obra, los hizo disponer ante el Sagrario invocando sobre
ellos la bendición del Señor. El seminarista Giaccardo, en su diario,
transcribe la razón: “Nosotros hemos hecho lo posible para que (este folleto)
fuera hermoso y apto, pero si Dios no lo bendice, de nada sirven nuestros
esmeros; pero, con la bendición de Dios, penetrará y producirá frutos... Es
necesario que estemos profundamente convencidos de que erigir la obra de la
Buena Prensa constituye un gran milagro, y Dios hará este milagro”.
La
sede de la UCAP fue establecida en la ciudad de Alba, donde quedó hasta 1937,
cuando fue trasladada a la Casa General de Roma.
II. Los Cooperadores
en la reflexión del Fundador
No
nos es posible reproducir todo lo escrito por el Fundador acerca de los
cooperadores. Su pensamiento se halla vertido en innumerables escritos, casi
siempre asistemáticos, ocasionales, en artículos, notas, fascículos, cartas,
meditaciones, etcétera.
Nuestra búsqueda, sin embargo,
queda facilitada por el hecho de que él, deliberadamente, se mueve en derredor
de algunas ideas fundamentales, con pocas variantes, inspiradas por las
circunstancias. En lo sustancial, su pensamiento es lineal, constante y
coherente, con matices y retoques que lo hacen progresar gradualmente hasta
que los cooperadores toman los rasgos de una rama paulina. (En el fondo, la
idea con que había partido ya en 1917).
1. Los documentos “oficiales”
Aquí
me ha sido de gran utilidad el volumen del historiador Giancarlo Rocca sobre
“La formación de la Pía Sociedad de San Pablo (1914-1927), Roma 1982.
Los documentos “oficiales” que él publica con frecuencia se topan con los de
los cooperadores, presentes desde los comienzos en la obra del P. Alberione.
Extracto de ellos los datos relativos a los aspectos jurídicos.
a)
El Estatuto de la Unión, aprobado el 29 de setiembre de 1918, consta de cinco
artículos y siete normas. En él se describe el fin de la UCAP, los medios, el
protector, el portavoz (el boletín), la sede y la fiesta patronal. En las
normas se precisa que no sólo las personas sino también las asociaciones
pueden inscribirse a la Unión. Llama la atención la norma n. 2 que
aclara que: “será útil declarar (al inscribirse) con cuál medio se piensa
cooperar con la buena prensa”–: oración, ayuda económica, obras (conferencias,
escritos, difusión, etcétera). Todo estaba orientado a la difusión de la buena
prensa bajo la protección de san Pablo.
b)
El 31 de diciembre de 1921, monseñor Re presenta a la Sagrada Congregación de
los Religiosos un largo memorándum del Fundador sobre la historia de la obra,
en el cual se afirma: “La Pía Sociedad de San Pablo se compone de dos ramas:
una masculina, y la otra femenina, ambas de vida común y con votos; y de una
tercera rama, constituida por los cooperadores y las cooperadoras de la buena
prensa que viven en el mundo” (subrayado nuestro). Hay, además, dos
referencias en una de las cuales se afirma que los cooperadores son “muy
celosos y realizan muchas obras buenas. Entre ellos unos han ofrendado su vida
para el desarrollo de la Pía Sociedad de San Pablo, y se quitan literalmente
el pan de la boca a favor de la buena prensa”. En ese entonces superan los
quinientos miembros. (Rocca G.,
o. c., pp. 565 y 567, doc. n. 31).
c)
En un folleto impreso en 1922, remitido a la Sagrada Congregación de los
Religiosos por monseñor Re, se habla de los paulinos como de “los misioneros
de la buena prensa”, y se dedican unas treinta líneas (muchas, por tratarse de
un documento oficial) a los Auxiliares. Se trata de los “celadores, sacerdotes
y laicos, los cuales, no pudiendo por razones especiales, entrar en la
congregación religiosa, aun permaneciendo en el mundo, promueven con todas sus
energías, y de manera muy especial, la difusión de la buena prensa según el
espíritu de la Pía Sociedad de San Pablo y en total dependencia con ella, a la
cual se sienten unidos mediante un estrecho vínculo espiritual”. Se habla,
en modo particular, de los cooperadores sacerdotes, de los
cooperadores escritores y periodistas y de los cooperadores laicos.
Se refiere, además, a las vocaciones para la Pía Sociedad de San Pablo y las
Hijas de San Pablo que ellos deben favorecer.
d)
El P. Alberione se preocupa también de los favores espirituales a beneficio de
los cooperadores, como resulta del documento n. 43, que reproduce un rescrito
de la Sagrada Penitenciaría Apostólica, en el cual se enumeran las
indulgencias especiales y los favores espirituales otorgados a los miembros de
la Pía Sociedad de San Pablo y a los inscriptos a la Unión de Cooperadores.
e)
En un documento sin fecha, seguramente enero de 1923, el P. Alberione debe
explicar la actividad de los cooperadores a la Sagrada Congregación de
Religiosos, ya que ésta había solicitado informes precisos acerca de la
naturaleza jurídica de la pía Unión. El documento, escrito a mano, repite en
doce puntos su pensamiento con algunas variantes. Al final, hablando de la
situación del momento, afirma que los inscriptos son ocho mil. Giancarlo Rocca
hace hincapié en que en este documento “los cooperadores aparecen
estrechamente unidos a la Pía Sociedad de San Pablo y a las Hijas de San
Pablo, como personas que no pudiendo entrar en el Instituto, viven su espíritu
en el mundo” (o.c. p. 597).
f)
El 25 de marzo de 1926, mediante una súplica impresa, dirigida al papa Pío XI,
el P. Alberione, además de mencionar las tres ramas (masculina, femenina y...
Pías Discípulas) que constituyen la actual Pía Sociedad de San Pablo, recuerda
la rama de los cooperadores de la buena prensa. Se trata de aquellas personas
que con los escritos, las donaciones, las oraciones y la difusión ayudan a la
Pía Sociedad de San Pablo. Manifiesta que son más de diez mil y fueron
favorecidos con indulgencias especiales por la Santa Sede (Doc. 77).
g)
Por
último, la autoridad eclesiástica vuelve a referirse a los cooperadores el 22
de marzo de 1937, cuando el cardenal vicario de Roma, Marchetti Selvaggiani,
concede el traslado de la sede de la UCAP a Roma, en la Casa General de la Pía
Sociedad de San Pablo, y aprueba las normas contenidas en la misma petición.
2. De Pía Unión a Asociación Internacional
Ahora, tratándose de los aspectos jurídicos u oficiales, me parece justo
señalar dos cosas: la publicación del estatuto de la Unión y el cambio de la
misma en asociación.
El
presente Estatuto fue puesto al día, en el lenguaje y en el contenido, en base
al Concilio Vaticano II y al Capítulo Especial de la Sociedad de San Pablo
(1969-1971) y, además, a la experiencia adquirida en estos años por la Familia
paulina de la cual los cooperadores quieren imitar la vida religiosa (cfr. El
manuale Unione Cooperatori Paolini. Statuto, Roma, 1985, pp. 5-6).
El
cambio de nombre fue firmado el 11 de marzo de 1988. El decreto de
“Consociatio universalis atque internationalis”, lleva la firma del cardenal
Jeróme Hamer y de monseñor Vincenzo Fagiolo, respectivamente Prefecto y
Secretario de la Congregación de los Religiosos e Institutos Seculares. Este
cambio implica las novedades consideradas por el Derecho Canónico de
conformidad con los cánones 303-305.
En
las Constituciones de 1956 se trata de los cooperadores en cuatro
artículos, pero sólo de paso. Dos artículos hablan de la actividad apostólica
(artículos 235 y 247) y dos de los sufragios (arts. 277 y 278; en este último
se habla de cooperadores y bienhechores...).
Hay
que llegar a las Constituciones de la Sociedad de San Pablo, aprobadas
en 1984, para encontrar en la lista de la Familia paulina a los cooperadores
como una rama de la misma (cfr. art. 3). A su vez el artículo 86.4 sugiere
cuidar, según el pensamiento del Fundador, “la vocación y la formación de los
cooperadores paulinos”.
Era el objetivo del P.
Alberione finalmente codificado.
3. En los escritos formativos
En
esta sección doy por sentado que en la elección de los textos no he seguido un
rígido orden cronológico, sino un orden indicativo, dirigido a esbozar el
perfil del cooperador paulino: su actividad pastoral y su vida espiritual.
a)
La primera alusión la encontramos en un programa fechado el día de la
Asunción de 1916 con un lacónico “que nos fue dado por el teólogo Santiago
Alberione”. En él se dice: “La obra más urgente de nuestros tiempos es la de
la prensa. Nuestro Señor, como siempre, suministrará los medios para enfrentar
las necesidades actuales. Lo que hoy parece más necesario es una especie de
congregación religiosa dividida en tres ramas”. Después de haber descrito la
rama “masculino-religiosa” y la “femenino-religiosa”, habla de la tercera:
“laica masculino-femenina: personas que, viviendo en el mundo, cooperan con
las otras dos ramas mediante la oración y las obras, escribiendo, ayudándolas
con donaciones, etcétera, etcétera” (G. Rocca, o.c., doc. 11, pp. 551-552).
b)
El P. Alberione siente que los cooperadores constituyen una necesidad para
ampliar el campo de apostolado. Por lo tanto recuerda a Jesús que “además
de los doce apóstoles, eligió también a setenta y dos discípulos para que
fueran a cada ciudad a preparar el camino para cuando él llegara a predicar la
buena nueva” (Pr. CO 673, 1958). Imita la conducta de san Pablo que “era
diligentísimo en procurarse cooperadores. A esto debemos llegar también
nosotros y ésta debe ser también nuestra intención: encontrar personas que
cooperen con nosotros y estén identificadas con el espíritu paulino” (id.).
Siente fuertemente las ventajas que posee el laico acerca del apostolado: él
puede entrar en las fábricas, en el parlamento, en la universidad, en los
medios de comunicación porque el sacerdote y los religiosos y las religiosas,
hoy, no pueden más enfrentar solos las necesidades de la Iglesia y los
enemigos que la acechan. “Por lo tanto, es nuestro deber buscar personas que
se unan a nosotros en el apostolado, para que el bien pueda multiplicarse” (cfr.
Raggio, 1958, n. 3, pp. 74-75).
c)
Quiere que los cooperadores sean numerosos. Piensa en la Sociedad de
San Pablo como un “ejército muy numeroso”; con los religiosos que forman los
“batallones más importantes”, que deben colaborar “todos, grandes y pequeños,
hombres y mujeres”, una multitud de personas. Por lo tanto se está rezando
para “alcanzar la gracia de un buen desarrollo de los cooperadores. Para esto
se debe trabajar mucho” (Prediche ai Cooperatori [Pr CO] 653, 1939).
Esta
fue una constante en el pensamiento del P. Alberione. En La primavera
paolina encontramos un texto muy hermoso (y tal vez nunca debidamente
desarrollado) que vale la pena transcribir. En el Reglamento que sigue al
Estatuto, se lee: “1. Pueden ser admitidos como cooperadores del Apostolado de
la Prensa tanto los adultos como los jovencitos de los dos sexos...
conforme al espíritu de la Pía Sociedad de San Pablo”. Verdaderamente el P.
Alberione también acerca del laicado fue un profeta. Y quede claro: no quería
una unión elitista, sino abierta y eclesial (cfr. PP 1115ss., texto de 1927).
d)
El P. Alberione quiere que los cooperadores estén organizados. Esta es
otra constante de toda su obra. Tal vez sobre ningún otro tema ha escrito
tanto como acerca de los cooperadores y tal vez como en ningún otro tema ha
tenido tan poco éxito. Pensaba en los grupos parroquiales que debían
comprometer al párroco. Quería un responsable de grupo como corresponsal con
la sede central. La organización, según sus palabras, es el único modo de
robustecer el bien. Y comprueba que: “Hasta ahora siempre se ha dicho y hecho
lo que se pudo; ahora es necesario que se explique mejor y que se haga más: es
necesario que se haga algo estable. Lo pasajero es bueno, pero lo estable es
mejor. Tener conocidos también es bueno, pero es mejor tener amigos.
Precisamente cooperadores en todos los pueblos. También para esto será
necesaria mucha paciencia y mucha oración” (Pr CO 650, 1931).
El
P. Alberione quiere una oficina central que los ayude y los siga (Spiegazione
delle Costituzioni delle FSP, p. 338). Además: “Toda casa paulina tenga
una secretaría para los cooperadores. Haya quien la dirija con sabiduría y
amor” (CISP 169, 4). En La primavera paolina hay toda una sección
dedicada a la organización parroquial (PP 1069, 1125).
La organización incluye todos
los campos, pero especialmente el de la cooperación vocacional (CISP 1447) y
el específico de la comunicación social (cfr. Pr. PM., 1954,
marzo-diciembre, p. 158, b). Es interesante la iniciativa reproducida en La
primavera paolina acerca de la “organización de los Cooperadores
Escritores Católicos... unidos a la Sociedad (paulina)... Tendrán un carnet y
formarán una sección especial...” (PP 1094).
e)
Además quiere que los cooperadores estén debidamente formados. Es ésta
una constante más de su pensamiento, aunque también en este argumento hizo lo
que podía. Hay un texto fundamental de 1933 que oportunamente resume sus
ideas: “No hay que considerar como cooperadores sólo a las personas que
entregan donaciones; sino que debéis mirar al espíritu. Antes debemos dar
nosotros. Es necesario que deis mucho, si queréis recibir mucho: ejercicios
espirituales, invitaciones a las obras buenas, vivir más cerca de Jesús, y
cuando habréis dado, recibiréis. Haced que estas personas amen al Señor. Si no
dais, siempre quedaréis pobres...” (Pr CO 651).
La primavera paolina
registra muchas iniciativas propias del mismo Fundador. En la UCAP del 20 de
julio de 1926, se recuerdan las conferencias desarrolladas en este período y
en las cuales intervinieron cooperadores de Alba y de otros lugares (p. 587).
Siempre en UCAP del 25 de julio de 1925 se hace conocer un largo informe de la
“Reunión de los Cooperadores del Apostolado de la Prensa”, señalando los temas
tratados (PP 1074, 1078).
De
estas simples y conmovedoras páginas, queremos rescatar dos joyas: “La Unión
de Cooperadores es el gran medio, el cuerpo sano y fuerte de la misión de la
buena prensa al cual Dios ha llamado la Pía Sociedad de San Pablo” (PP 1075).
“San Pablo tuvo sus cooperadores y los formó para que cumplieran los tres
deberes de la cooperación: oración, ayudas y difusión. Lo mismo sucede con los
actuales cooperadores de la Buena Prensa que son los nuevos cooperadores de
san Pablo y ocupan el lugar de los de entonces... Nosotros hemos hablado
también claramente para que cada uno asumiera conscientemente los deberes que
implica la gracia de ser cooperador de la Buena Prensa” (PP 1077).
f)
El año 1954 el P. Alberione da los últimos toques al perfil del cooperador
paulino; y establece los objetivos por alcanzar.
Objetivos que se han de alcanzar.
Aunque sean muy comprometedores, los presenta con sentimiento de humildad.
“Aludo, dice, solo a lo que se debería explicar largamente: 1) elegirlos (los
cooperadores): más inteligentes son, mejor es; 2) formarlos con la instrucción
debida y a través de su boletín; 3) organizarlos; 4) buscar la forma para
llevarlos a la mayor santidad y a mejorar su vida cristiana; 5) encauzar sus
energías hacia la misión de la Familia paulina, es decir, la difusión de la
doctrina cristiana con los medios más modernos” (Pr CO 662, 1954).
–Cómo
son pensados. “Son personas que comprenden a la Familia paulina y, con
ella, constituyen una unión de espíritu y de objetivos. Abrazan, de la forma a
ellos posible, los dos objetivos principales (santificación y apostolado) y
ayudan según sus posibilidades... Los cooperadores quieren imitar la vida
religioso-paulina... La Familia paulina les confía sus proyectos, los hace
partícipes de los medios de santificación mediante el periódico El
Cooperador Paulino... En conjunto esto constituye una unidad de personas
que, según el ejemplo de san Pablo, se ayudan a promover la gloria de Dios y
la paz de los hombres” (CISP 384s.).
Después de esto, no causa admiración ver la Unión de Cooperadores nombrada
entre las diez ramas de la Familia paulina en las instrucciones del Fundador
de 1960 (UPS I, 20). Reaparece aquí una expresión del lejano 1925, en la cual
se afirmaba que “nosotros formamos con nuestros Amigos y Cooperadores una sola
gran familia” (PP 1070).
g)
Los Cooperadores y sus deberes eclesiales. Nos referimos a dos escritos
que podemos definir “testamentarios” del Fundador. El primero es de 1965 y el
otro de 1968.
Ante
todo se recuerda que los cooperadores “han existido desde los primeros tiempos
de la Iglesia” (CISP 388) y que “la cooperación paulina ha sido aprobada por
la máxima autoridad eclesiástica” (id. 389). Este escrito es del 18 de
diciembre de 1965. El P. Alberione siente el deber de recordar que ahora toda
la Iglesia ha sido llamada a realizar el Concilio y en esta tarea “ocupan una
parte importante los laicos según los apostolados y según los medios de que
disponen”. A continuación cita dos textos de Apostolicam actuositatem
en los cuales se recuerda a los laicos el deber de su misión en la Iglesia, es
decir, edificarla y santificar el mundo en Cristo. Y agrega: “Así para la
Iglesia, y así para las partes de la Iglesia. Entre estas partes está la
humilde Familia paulina: que presta su servicio a la Iglesia en los caminos
señalados por el Señor” (Id.).
En
el escrito de 1968 rescatamos esta perla: “Los cooperadores trabajan con la
Iglesia y para la Iglesia para enriquecer a la gente con los bienes (propios
de la Familia paulina), mediante su preciosa actividad”.
III. Todo para hacer conocer a Jesucristo
Concluyo con un entusiasta página del Fundador en la que propone algunos
desafíos que no podemos no enfrentar si queremos ser sus hijos dignos de la
histórica hora que vive la Iglesia.. “A san Pablo, escribe, fue consagrada la
Familia... Ella se ha abierto con mucha amplitud a todos el mundo en todo el
apostolado: estudio, piedad, acción, ediciones. Las ediciones para todas las
categorías de personas, todas las cuestiones y los hechos juzgados con la luz
del Evangelio, las aspiraciones del corazón de Jesús en la Misa; en el único
apostolado: hacer conocer a Jesucristo, iluminar y sostener todo apostolado y
toda obra de bien; llevar en el corazón a todos los pueblos; hacer sentir la
presencia de la Iglesia en cada problema; espíritu de adaptación en todas las
necesidades públicas y privadas; todo el culto, el derecho, la unión de la
justicia y de la caridad (AD 65).
Un
proyecto tan vasto no podía realizarlo un solo instituto y por eso el Fundador
quiso una “familia”. En ella: sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos
consagrados en el mundo y simples bautizados, están llamados a comprometerse
para que esto se haga realidad, en vista del Reino. Y para que no se asustaran
ante las infaltables dificultades, les transmitió las reconfortantes palabras
del Maestro divino: “¡No tengáis miedo! Yo estoy con vosotros!”.
P.
Benito Spoletini, ssp
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