Alberione e la Famiglia Paolina
 

Aspectos de la espiritualidad paulina
Cruz y comunicación social en Santiago Alberione
Benito D. Spoletini, ssp

Un mensaje siempre más actual. – El 27 de abril de este año, el papa Juan Pablo II escribirá en el Martirologio de la Iglesia católica al Padre Santiago Alberione (1874-1971). Su obra es conocida en el mundo ya por los múltiples centros de difusión que ha implementado, ya por los productos – libros, revistas, programas radiales y televisivos, Web etc. – que, a través de esos centros, llegan a un público masivamente. Tal vez menos conocida sea la vida de su inspirador y la riquísima espiritualidad que la anima y la familia religiosa que la lleva adelante, apodada Familia Paulina, porque se inspira en el apóstol Pablo.

En estas notas nos referimos a un aspecto importante del pensamiento del Padre Alberione y que se refiere al rol que la “cruz” ocupa en el apostolado de la comunicación social; es decir, ese conjunto de dificultades, sufrimientos, limitaciones y riesgos que se encuentran en esta misión un tiempo inédita en la Iglesia, y que en su ejercicio emplea los medios de la comunicación social.

La cruz fue un tema de constante reflexión y una realidad permanente en la vida y en la misión de Alberione. Muy tempranamente se percató que una inserción tan intensa y continuada en las realidades temporales por parte de sus discípulos –sobre todo como lo exige ese apostolado– requiere una espiritualidad robusta y severa. Por eso quiso que la cruz jugara un papel preponderante en la formación y en la actuación de los que lo siguieron por ese accidentado camino. ¿Acaso no fue así en la vida de san Pablo en el cual él se inspira? Su discurso sobre la cruz no es ni técnico ni científico ni nos dejó un tratado teológico sobre el mismo. El suyo ha sido un discurso funcional, con miras a formar a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos espiritualmente sólidos, fuertemente convencidos, capaces de asumir y utilizar los medios de comunicación con eficacia, continuidad y “riesgo calculado” para la evangelización, sin dejarse avasallar por dichos medios.

I. LAS “CRUCES” DEL APOSTOLADO DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL

La presencia decisiva de San Pablo. – Gracias a la presencia del apóstol Pablo, el discurso del P. Alberione se diversifica del tradicional y se dilata, abriéndose a caminos nuevos y estimulantes. En esa visión, la presencia del apóstol Pablo es decisiva. Para el P. Alberione los operadores de la comunicación social de sus institutos deberían manifestar “la presencia de san Pablo hoy”.

Tiene un conocimiento y una familiaridad extraordinarios con la vida y los escritos del Apóstol. Sabe cómo, desde el momento de su conversión, la misión de Pablo de llevar el evangelio a las naciones, por voluntad expresa de Dios, está marcada en forma indeleble por la cruz (Hech 9, 16). Sabe que para Pablo ella es la suprema garantía de la autenticidad y de la validez de su vocación (Gál 6, 17), como también que el apóstol está llamado en su vida a completar lo que falta a la pasión de Cristo para la redención del mundo (Col 1, 24). La misma identificación con Cristo, su máxima aspiración, solamente es posible por medio de la cruz (Gál 1, 20): la cruz de cada día: el cansancio, el trabajo, la predicación, la pobreza y la riqueza, el hambre y la sed, la solicitud de todas las Iglesias y la intriga de los falsos hermanos, la alabanza y la incomprensión. Es el alimento necesario para que la multiforme sabiduría de Dios se manifieste para la salvación del mundo (Ef 3, 10). Escribe:

“Todo apostolado es bueno: pero la cruz y la pasión redimieron al mundo. Cuando al apostolado de las ediciones se le añade el apostolado del sufrimiento, entonces se completa la redención. Más aún: el amor al sufrimiento es lo que nos hace verdaderamente felices. ¿De dónde nace la infelicidad? Del dolor, de los sufrimientos. Pero cuando el alma ha logrado amar el sufrimiento, lo recibe y hasta lo desea; ya nada la perturba: se encuentra siempre en la paz de Dios” (Fondo Grottaferrata FSP. 1947, 235).

Es consciente de haber recibido en la Iglesia de su tiempo, la misión de poner al servicio del Evangelio los instrumentos que parecerían muy lejanos y refractarios para llevar el misterio cristiano. Por eso formula una “doctrina espiritual” con el fin de formar a los apóstoles de la comunicación social. Si no se tiene en cuenta todo esto, es muy difícil comprender la originalidad y la validez del pensamiento del P. Alberione.

Esta “doctrina” tiene algunos puntos de obligada referencia: la dignidad (o sacramentalidad) de las realidades terrestres, la mediación instrumental, el valor redentor del trabajo y la “reparación” a realizarse en el corazón mismo de los instrumentos de la comunicación social.

1. Sacramentalidad de los instrumentos de la comunicación

El P. Alberione insiste en la gran dignidad a la que han sido elevados hoy los instrumentos de la comunicación. Para los que conocen su pensamiento a fondo, no es un secreto que si se alegró del decreto conciliar Inter mirifica (1963) que reconoció su forma de apostolado, más se reconocía en la constitución pastoral Gaudium el spes por la aceptación leal y cordial de las realidades terrestres, como don de Dios.

Basta leer un escrito de 1936, publicado en el Boletín de los cooperadores paulinos, para convencerse:

“Nunca, en el curso de los siglos, las criaturas han sido tan movilizadas y ennoblecidas como en la actualidad. Ellos han colaborado a formar a Jesucristo en los hombres, como el agua en el bautismo. En verdad, todo ha sido redimido en Cristo... La radio y el teléfono para reunir las noticias; la linotype, la monotype y las incisiones para la composición tipográfica; la rotativa, la calcografía y la heliotipia para la mejor impresión; los procesos mecánicos para la confección de libros y periódicos; la organización postal –correo ordinario y por avión– son todas expresiones que evidencian el amor que anima al apóstol, amor que convoca a todas las criaturas para anunciar al Señor. De la misma manera que el hombre de oración, con su fe llena de amor, invita a todas las criaturas a alabar y venerar a su Creador: ¡Criaturas todas del Señor, bendigan al Señor!” (Bol. Unione Cooperatori Apostolato Stampa, 4, 1936). 

2. ‘‘Mediaciones instrumentales” y comunicación del Evangelio

En la ponencia leída en el Primer Congreso Internacional de Religiosos (1950), afirmó con energía:

“En estos apostolados se requiere mayor espíritu de sacrificio y piedad más profunda. Tentativas en el vacío, sacrificios de sueño y de horarios, dinero que nunca es suficiente, incomprensiones de muchos, peligros espirituales de todo género, perspicacia en la elección de los medios... No es asunto de aficionados, sino de verdaderos apóstoles” (Carissimi in San Paolo, p. 807).

Entre los más grandes sacrificios, el P. Alberione recuerda la mediación de los instrumentos:

“...Nuestro apostolado tiene una parte que parece acercarlo a la industria (por ejemplo, la tipografía) y tiene una parte que parece acercarlo al comercio (librería); en cambio, todo es medio para la predicación, como la pluma en mano del doctor de la Iglesia. Hay que evitar, aun externamente, de darle las formas comunes de los comerciantes e industriales. La oración de ofrecimiento [ofertorio paulino], rezada al comienzo [de la actividad], el sentido de unión entre el escritor, el técnico y el propagandista [difusor]... imprimirán en el ánimo (la idea) que no sólo se trata de verdadero apostolado, sino del apostolado con los medios más modernos y rápidos, el apostolado más fecundo de méritos para nosotros... A este apostolado le faltan aquellos consuelos y cercanía de las almas, que suelen acompañar a otros ministerios” (Carissimi in San Paolo, p. 1090).

El párroco, la hermana enfermera o profesora, el misionero, los que se dedican al apostolado personal tienen el consuelo de la presencia que lleva a sus evangelizados a la comunión con Cristo. En el caso del apostolado con los medios de comunicación existe casi siempre una “acentuada mediación técnica, instrumental” entre el operador y las personas a las que se dirige. “Está la distancia o el anonimato del escritorio, de la máquina, de la organización, de la administración. En esta situación, tanto la experiencia del apóstol que, dándoles a los hombres la vida de Cristo, sentía en sí el sufrimiento, la responsabilidad y la ternura de una madre (cfr. Gál 4, 19), cuanto el entusiasmo de quien ha recibido esta vida, sufren un inevitable proceso de abstracción y de despersonalización” (Documentos Capitulares SSP: 1969-71, n. 265).

El P. Alberione insiste sobre esto para animar a los suyos en este apostolado que no sólo tiene pocas alegrías, sino muchas insatisfacciones. Escribe:

“Sí, también y sobre todo la insatisfacción. Quien escribe, quien imprime,, quien se dedica a los enfermos, casi siempre tiene la satisfacción de constatar el resultado de las propias fatigas. Pero ¿quién le descubre al propagandista (difusor) el fruto de sus esfuerzos? (...). Por lo general éste siembra con el sudor y luego deja a otros el consuelo de cosechar. El confía sólo en Dios, que lo ve todo, que recoge las lágrimas derramadas en las horas tempestuosas de sus viajes apostólicos” (El apostolado de la edición, 1999, p. 319).

Él siente una gran estima por todas las formas de apostolado, pero es celoso del específico apostolado paulino y no soporta evasiones de ninguna clase; por eso concluye: “Aceptemos bien nuestras cruces, las que nos vienen del apostolado...” (Haec meditare, 2° Ser. VII, p. 131).

3. Valor salvífico trabajo en el apostolado de la comunicación social

Los escritos del P. Alberione son con frecuencia ocasionales; el estilo es seco, a veces enrevesado, sin adornos, totalmente alejado de vuelos literarios. Pero cuando toca temas específicamente paulinos, se hace pulido, denso, nuevo. El trabajo en general, y sobre todo el de “su” apostolado con los instrumentos de comunicación social, lo ve en perspectiva soteriológica; como lo ejerció Jesús y lo aprendió Pablo. Aceptado debidamente, representa la cruz diaria que contribuye a redimir la humanidad.

En los apuntes autobiográficos, escritos en 1953, lo enumera entre las gracias que el Señor le hizo a la Familia Paulina y que hay que conservar siempre:

“Trabajo redentor, trabajo de apostolado, trabajo fatigoso. ¿No es ésta la vía de la perfección, poner en servicio activo de Dios todas las fuerzas, aún las físicas? ¿No es Dios acto purísimo? ¿No entra aquí la verdadera pobreza religiosa, la de Jesucristo? ¿No hay un culto al trabajo, a Jesús-Obrero? ¿No se tiene el deber, más aún por parte de los religiosos, de ganarse el pan? ¿No fue ésta la regla que san Pablo se impuso a sí mismo? ¿No es un deber social y que, sólo cumpliéndolo, puede el apóstol presentarse a predicar? ¿No nos hace humildes?... Si Cristo tomó este camino, ¿no fue porque ese punto era uno de los primeros por restaurar? El trabajo ¿no es medio de mérito? Si la familia trabaja ¿no refleja, en un punto esencial, la vida de Cristo?” (Abundantes divitiae gratiae suae, n. 128).

La idea del trabajo redentor lo apasiona y vuelve sobre el tema con frecuencia:

“El trabajo es medio de redención y de santificación; como penitencia y como preservación de las tentaciones y del pecado. A quien esté tentado, en vez de la disciplina, se le ordena más trabajo de apostolado... El trabajo es redentor para los hermanos, pero también redime al mismo trabajador. El trabajo nos acerca a Dios... Cuántas más potencias pone en actividad rectamente, tanto mejor corresponde al querer de Dios que las ha dado, tanto mejor sirve al Señor... Entonces, el trabajo es parte del primer mandamiento” (Galimberti R., La povertà e la Religiosa d’oggi, 1959, pp. 104-105).

A quien emplea sus fuerzas para dar la verdad a los demás lo califica de “mártir”:

“Hay el martirio por la fe y el martirio por la caridad. Ahora bien, el trabajo de apostolado es ejercicio de caridad. Las fuerzas vírgenes, que se consuman para dar la verdad a las almas, merecen la corona del mártir, la aureola del doctor. Es ofrecer nuestro cuerpo a Dios, en el sentido de san Pablo...” (ídem).

El motivo hay que buscarlo en la participación profunda en la pasión de Cristo:

“Cualquier trabajo, asociado a la pasión de Jesucristo, se convierte en elemento de redención individual y social. Pasión en el sentido más amplio de fatiga: por ejemplo, unirse al divino Obrero de Nazaret... El misterio de Cristo-Obrero nos parece más profundo que el misterio de la pasión y muerte... El sudor de su frente en Nazaret no era menos redentor que el sudor de sangre en el Getsemaní...” (Carissimi in San Paolo, p. 1077).

A quien dudaba de este acercamiento de trabajo diario-cruz, le replicaba secamente:

“No hemos entendido lo que significa la redención. No hemos comprendido que nuestro servicio, es decir, nuestro apostolado, es predicar a Jesucristo, y así acompañar a la Iglesia, ser parte de ella, que nos ha confiado esta misión. No hemos comprendido bien los muchos méritos que sacamos de esas horas de apostolado” (Prediche  del Primo Maestro, agosto-noviembre 1952, p. 119).

Esto vale especialmente para el apostolado de la comunicación social, agobiador pero necesario, y que puede requerir, como a Jesús, el precio de la muerte de cruz, para redimir a los hombres de hoy con los medios de hoy. Subraya:

“¡El apostolado supone muchas fatigas y sacrificios! Hay sacrificios de los que se dedican a la difusión, sacrificios de la redacción y los sacrificios que hay que soportar desde la mañana hasta la noche... Nuestro apostolado es un tormento en cuanto requiere gastos particulares, hace que nos encontremos a menudo en contacto con el mundo o leyendo o hablando, y, sin embargo, no debemos embarrarnos los pies con el fango. En realidad podemos decir con la “Imitación de Cristo” que: ‘toda la vida de Jesucristo fue cruz y martirio’, y en nuestro apostolado se encuentra la cruz y hasta el martirio, y se desgastan las fuerzas” (Meditación a las Hijas de San Pablo, 2/5/1951, uso manuscrito).

4. La “reparación” en el apostolado de la comunicación

Tal vez éste es el aspecto al que el P. Alberione le prestó mayor atención. Siempre utilizó e inculcó los elementos de la ascética y de la religiosidad popular, pero en una línea bíblica y sobre todo, siguiendo a san Pablo, los renovó ampliamente. Su principal preocupación fue de orden positivo: sí a la oración y a los ejercicios, sí a la abstención “de las lecturas y espectáculos cinematográficos, televisivos y de las audiciones no buenas de la radio, con la mortificación” (Carissimi in San Paolo, p. 166); pero luego viene el trabajo de construcción: “oponer la verdad al error, la instrucción a la ignorancia; al periódico oponerle el periódico, a la película oponerle la película, a la radio oponerle la radio, a la organización oponerle organización” (ídem, p. 167).

Bajo esta luz comprendemos esta fuerte expresión suya:: “El apostolado es vuestra penitencia”, es decir: para los llamados a este apostolado la reparación debe consistir principalmente en el asumir de tal manera la cruz diaria de la redacción, de la ejecución técnica y de la difusión que dicho apostolado se transforme realmente en un verdadero instrumento de redención.

El siente con angustia como los pecados, en todas sus expresiones, se difunden y multiplican a través de los medios de comunicación y eso retarda la redención. Escribe:

“Pecados que se multiplican fácilmente: por la noche miles de grandes máquinas, en cualquier parte dei mundo, con velocidad sorprendente imprimen millones y millones de ejemplares de revistas y de periódicos; todas las noches asisten muchedumbres de espectadores a las salas cinematográficas; casi durante todo el día la radio y la televisión siguen sus transmisiones... ¿Quién puede decir qué porcentaje es bueno y cuál, en cambio, es peligroso?” (Ut perfectus sit, I, p. 317).

El lugar de los religiosos Discípulos en esta tarea. – Toda la vida de los paulinos debe ser una “reparación” a este estado de cosas. Todos están llamados a ella. Pero el P. Alberione confía esta tarea especialmente a los religiosos laicos de la Sociedad de San Pablo, llamados Discípulos del Divino Maestro. El hecho es significativo: los Discípulos se dedican de forma preferente al trabajo de preparación técnica, confección y difusión del “mensaje”: librerías, publicidad, agencias, programaciones, etc.

Para ellos, el P. Alberione ha escritos muchas de sus páginas más sentidas y originales. Ante todo los anima a utilizar los medios comunes de la ascética y reparar los pecados de los hombres con la vida consagrada, vivida en plenitud y en sintonía con el Redentor (cfr. Carissimi in San Paolo, p. 370).

Abunda luego en el campo que les es propio –el de su “reparación vital”– que es el trabajo técnico propio del apostolado de los medios de comunicación:

“Los medios técnicos: prensa, cine, radio, televisión, discos, etc., cuando están al servicio del mal, logran un verdadero estrago de almas; ese espectáculo enciende en el corazón del apóstol una intensa llama de celo. El discípulo de Jesús Maestro realiza una reparación en su parte negativa, y especialmente en su parte positiva.

a) Para sí mismo, absteniéndose de cualquier libertad y curiosidad peligrosa por las lecturas, el cine, la radio, la televisión.

b) Ejercer una acción de convicción sobre los escritores, los editores, los propagandistas, para disuadir; y llevar, en cambio, su actividad hacia ediciones sanas, útiles, científicas, o por lo menos inocuas.

c) Ejercer obra de persuasión sobre los lectores, los espectadores, y en general y en particular sobre los jóvenes para que se abstengan de cuanto les puede ser perjudicial a sus almas.

d) La parte positiva consiste en el ejercicio directo del apostolado de las ediciones: oponer prensa a prensa, película a película, radio a radio, televisión a televisión. En otras palabras: oponer la verdad al error, el bien al mal, Jesucristo a Satanás” (Carissimi in San Paolo, p. 373).

En el pensamiento del P. Alberione esta forma de participación en la cruz de Cristo no está reservada solamente a los Discípulos del Divino Maestro, ni tampoco solamente al sector técnico. Todos los paulinos y todos los momentos de este apostolado deben ser redimidos por los que trabajan en ellos: solamente así esos medios podrán ser vehículos de salvación evangélica.

Los “riesgos” de los procesos mundanos. – El P. Alberione siempre tuvo esta preocupación y miedo: que un apostolado tan complejo, que mueve capitales y tiene estructuras complicadas y costosas, llegue a rebajarse al nivel industrial y comercial. Es un peligro nada hipotético, si se piensa en las implicaciones que tiene con las organizaciones económicas, políticas, culturales, profesionales, etc. El estaba perfectamente consciente. De allí su insistencia sobre el tema de la cruz, entendida en el sentido más total, pues ella debería ayudar a eliminar tales riesgos, o, por lo menos, a reducirlos. Profética su exhortación a los libreros y libreras paulinos:

No debe haber ninguna librería que traicione su vocación; traicionarían ustedes las bendiciones divinas. Ustedes no tienen que tener la sabiduría del mundo, ni la prudencia de los tipógrafos, de los editores, de los libreros, sino la sabiduría de Jesús, la prudencia de Jesús, quien murió sobre la cruz porque predicaba la verdadera doctrina, su doctrina. No razonen comercialmente... Piensen en lo que le costó a Jesús predicar su doctrina; pero él prefirió dejarse matar en vez de predicar lo que les gustaba, a los fariseos, a los doctores de la ley... El evangelio le costó a Jesús la vida. También a ustedes les costará la vida.... También a ustedes el apostolado les debe costar cansancio, aburrimiento, Sudor. Les exige todas sus mejores aptitudes, toda su inteligencia, toda la fuerza del cuerpo, la energía de la voluntad. Todo por Jesucristo” (Haec meditare, 2° Ser. I, pp. 122, 123, 124).

¿Cuál será el criterio último de juicio del apóstol que trabaja en la comunicación social? No la gloria personal, no el dinero, no el poder, sino Jesús crucificado, escándalo y locura para los hombres, pero poder y sabiduría de Dio, como para Pablo (cfr. 1 Cor 1,23-24).

II. ALBERIONE Y LOS MARTIRES DE LA COMUNICACIÓN

¿Qué decir de este mensaje tan duro y tan urgente? Al proponerlo, el P. Alberione pensaba ante todo en los miembros de la Familia Paulina. Pero, en fuerza de su carisma, y los cooperadores laicos, ensanchaba su visión aun a aquellos que trabajan en el campo difícil, mutable, complejo de la comunicación social.

Llamados a moverse en la selva de la información cotidiana, condicionados por el mercado y una publicidad sin escrúpulos, y casi siempre a merced del poder económico y político, los operadores de tales medios continuamente corren el riesgo de dejarse envolver por ellos.

El P. Alberione era consciente de todo esto cuando sintió el llamado del Espíritu a utilizar tales instrumentos al servicio del Evangelio. El rudo discurso de la cruz –a ejemplo de Pablo, escogido como padre, maestro e inspirador– es la mejor y tal vez la única garantía para utilizar estos prodigiosos dones de Dios en favor y no contra el hombre. Para sus hijos quiso pocas penitencias típicas, entre ellas –y la más importante– la de hacer bien el apostolado comunicacional en todas sus fases: desde de la redacción a la difusión “sin recurrir a cilicios, a cadenas, a ayunos” (cfr. Haec meditare 2° Ser. VI, p. 66; 71-74). Todo esto, naturalmente, realizado con seriedad, con disciplina y con prudencia y responsabilidad. Es la cruz de este apostolado, su sufrimiento más profundo, porque cotidiano. Y para que no haya ilusiones, él advierte: “Así como Jesús nos salvó verdaderamente con su pasión, así también nosotros tenemos que salvarnos con nuestra pasión” (Haec meditare 2° Ser., VII, p. 130).

Espiritualidad sencilla y lineal, que no parece tener un aspecto austero, “pero en realidad exige una más grande austeridad. En casi todos los campos la moderación es más difícil que la abstención. Utilizar todos los valores humanos al servicio de Dios exige una más auténtica renuncia que no descartarlos completamente” (J. Leclercq).

***

El P. Alberione vivió el espíritu de la cruz en términos “heroicos” por la intensidad y la continuidad. A los 18 años, escribía en su diario espiritual:

“Quien no es tan fuerte como para soportar con paz y amor una cruz, quien no tiene la fuerza para vencer una dificultad, quien no persevera, y caído, rechazado, no vuelve al ataque, no puede apoderarse del cielo, porque éste está en lo alto y por tanto hay que subir los montes de la penitencia, de las cruces, del calvario para llegar a él” (DG, pp. 35-36). Y, en una de las pocas confidencias que se le escaparon, al dictar una meditación, advierte:

“Tengan bien en cuenta que sin sacrificio no se hace nada. ‘Sin derramamiento de sangre no hay remisión’ (Heb 9, 22). Esta es una de las primeras frases sobre las que reflexioné cuando la Familia Paulina estaba solo en el corazón. Sin la cruz no se hace nada” (Prediche  del Primo Maestro, enero-diciembre 1955, p. 151).

Es significativo que en sus escritos ya conocidos, se encuentren más de tres mil quinientas citas del apóstol Pablo; de ellas, ciento cincuenta veces la de Gálatas 2, 19-20: “Estoy crucificado con Cristo en la cruz y no soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí”.

En el silencio de los ejercicios espirituales de abril de 1954, anotaba:

“El crucifijo es nuestro modelo... es también escudo, fuerza, seguridad al ser rechazados por el mundo. Nos pone en estado de renuncia, celo, pureza, rectitud, amor a Dios, desapego. Al abrazar con alegría la cruz de Cristo, nos acorazamos contra los enemigos, miramos definitivamente a Dios, nos volvemos poderosos en la oración, vivimos en una alegría que preanuncia el cielo” (Apostolo Paolo, p. 53).

En él no era una actitud de circunstancia, sino algo que había vivido e inculcado siempre a los suyos. En una meditación de 1946, decía:

“Hay que hacer entrar en las familias, además del evangelio, el crucifijo. En Navidad se trata de representar en cuanto posible el misterio de la encarnación al vivo. El crucifijo debe estar todo el año. El paraíso está abierto por la pasión; la llave es la cruz. Y como queremos entrar al paraíso, tenemos que usarla” (Haec meditare 2° Ser. VI, pp. 111-112).

En ese mismo año les recordaba a sus religiosas, Hijas de san Pablo: “Nuestro padre san Pablo habla de la cruz y de su valor en todas sus cartas. Estudiemos su doctrina para ser verdaderamente hijas de este padre” (Haec meditare 2° Ser. VI, p. 163).

Para que los miembros de su familia religiosa, consagrados a ese apostolado, no olviden este mensaje austero, pero liberador, quiso que en todas las iglesias y capillas paulinas estuvieran escritas las palabras que le reveló el Divino Maestro: “No temáis. Yo estoy con vosotros. Desde aquí (desde el Sagrario) quiero iluminar. Tened el dolor de los pecados”. Es decir: vivid en continua conversión, dejando atrás el mal y haciendo el bien. Entonces la cruz será fuente de liberación para todos los apóstoles de la comunicación; y los instrumentos que utilizan, redimidos por su sacrificio, serán válidos vehículos de la “multiforme sabiduría de Dios” (Ef 3, 10) para la salvación de los hombres.

* * *

Comunicadores mártires de nuestro tiempo.– Cuando, en los años cincuenta, el P. Alberione inculcaba estas orientaciones, hacía notar que “se necesitan santos que nos precedan en estos nuevos caminos aún no transitados y en parte ni siquiera trazados” (Carissimi in San Paolo, p.807). hoy, a poco más de medio siglo, conocemos muchos “santos” que, no sólo han abierto y recorrido estos caminos, sino que las han regado con su sangre. Es de justicia recordar a algunos de los más conocidos como Maximiliano Kolbe (1941, Tito Brandsma (1942), los latinoamericanos: Mons. Oscar Romero (1980), Mons. Enrique Angelelli (1976), el jesuita Luis Espinal (1980). Su testimonio –¡martirio!– refuerza la actualidad del discurso del P. Alberione, no sólo para los miembros de la Familia Paulina, sino para cuantos están llamados y comprometidos a comunicar el Evangelio a los hombres de hoy con los medios de hoy, sin dejarse arrollar por los riesgos y las dificultades que se encuentran en ese tipo de apostolado.

P. Benito Spoletini, ssp

trasp.gif (814 byte)


 

trasp.gif (814 byte)

Pagine del sito... en français       in english      en español  
Updated - Rome  01.02.2007 09.03

© Famiglia Paolina - Pauline Family - Familia Paulina
 Any suggestion to information.service@stpauls.it
The best view with Internet Explorer 800 x 600 pixel   

trasp.gif (814 byte)

Alberione
  e la Famiglia Paolina 

   
  Saggi su Don Alberione
  scritti da membri della
  Famiglia Paolina
   
Saggi vari

 Saggi vari su Don Giacomo
 Alberione

Tesi su 
  Don Alberione

  Tesi di studio su
  Don Giacomo Alberione