
DE LA INSPIRACIóN
A LA DECISIÓN
P. Ampelio Crema, ssp
Nos faltan las vocaciones, luego...
¿el P. Alberione ha cesado de hablar, de atraer a los jóvenes? Es
una duda que a menudo se ha insinuado en mí, preocupándome, durante
los muchos años dedicados a la tarea de la pastoral vocacional y de
la formación.
Sólo que después, justo cuando se me
ha pedido cambiar de servicio en la Congregación, descubro que... es
culpa mía, es culpa nuestra si sucede esto, porque nos empleamos
poco en dar a conocer al P. Alberione a los jóvenes. Y, peor aún,
escasamente seguimos sus huellas y testimoniamos el rico tesoro
recibido, viviendo “el estilo de vida” que él encarnó.
Con motivo de la beatificación, tuve
oportunidad, como superior de Casa Madre en Alba, de encontrar y
acoger muchos peregrinos, entre ellos muchos jóvenes provenientes a
veces de varios seminarios italianos, que se quedaban admirados de
este pequeño gran hombre. Uno de ellos me escribía: “Místico y
genial. Siempre en acción... Sobre todo hombre de Dios. Son algunos
de los aspectos del P. Alberione que yo quisiera imitar. No tengo
preguntas que hacer. Siento sólo una especie de maravilla, de
estupor que me deja sin palabras, ante lo que él ha escrito, ha
hecho y ha sido. Además le quiero” (R.C.).
Los jóvenes quedan fascinados por el
P. Santiago. Y por su trayectoria. ¿Qué mensaje presenta, pues, el
P. Alberione a los jóvenes en discernimiento vocacional?
a)
“Se
sintió iluminado...”
(AD 9)
La pregunta de la maestra Cardona,
narrada en AD 9, sobre lo que los muchachos pensaban hacer en el
futuro, es la ocasión que Dios atrapa para entrar en la vida de
Santiago, para iluminarle y indicarle su proyecto de amor.
“Quiero ser cura”: Santiago emprende un camino constante, casi
absoluto, con Dios.
Y Dios con
intervenciones/iluminaciones progresivas jalona el crecimiento del
joven Santiago: Dios le guía desde la consciencia de “hacerse cura”
a sentirse “profundamente obligado a prepararse para hacer algo
por el Señor y por los hombres del nuevo siglo, con quienes habría
de vivir” (AD 15), hasta la plena claridad vocacional: “Hacia
1910 dio un paso definitivo. Vio con mayor luz: escritores,
técnicos, propagandistas, sí; pero religiosos y
religiosas” (AD 24). Gracias al fuerte camino con Dios,
“la idea, primero muy confusa, se iba aclarando, y con el pasar de
los años llegó a concretarse” (AD 21).
b)
“Desde
aquel día...”
(AD 10)
Santiago, caminando con Dios, cumple su parte. Es
fiel. Todo converge, todo es “guiado” por la decisión tomada a los
nueve años de hacerse sacerdote: “Esto
le trajo [algunas] consecuencias: el estudio, la oración, los
pensamientos, el comportamiento y hasta los recreos se orientaban en
aquella dirección”.
Y dirigiendo constantemente la mirada a esa llamada, encuentra
fuerzas para superar los momentos difíciles: “Tal pensamiento le
salvó de muchos peligros” (AD 9). Más aún, “desde aquel
día, todo reforzaba en él tal decisión”
(AD 10).
c)
“Alguna
vez el Señor le ha obligado paternalmente...”
(AD 28)
Dios interviene en el camino de Santiago dejando caer
a veces la mano:
“Alguna vez el Señor le
ha obligado paternalmente a aceptar algunos dones que le repugnaban
instintivamente. Lo mismo se diga de ciertos impulsos a caminar”
(AD 28). Era para llevarle a un recorrido de purificación, de
abandono filial y de madurez.
Sí, de purificación, porque Dios pide siempre al
vocacionado una profunda consciencia de la propia pobreza y
nulidad, de los propios límites y defectos (cf AD 15) para abrir a
la persona a una disponibilidad libre de cálculos y de proyectos
egoístas, y conducirla a un abandono filial: “El hombre tiene
siempre tantas imperfecciones, defectos, equivocaciones,
insuficiencias y dudas en su obrar, que debe ponerlo todo en manos
de la divina misericordia y dejarse guiar. Él no forzó nunca la mano
de la Providencia; esperaba la señal de Dios” (AD 45). Y al
mismo tiempo, era para llevarle a una verdadera madurez humana, pues
sólo se llega a ser personas equilibradas, armónicas, conscientes de
las propias capacidades si se logra “soñar a lo grande” y ser
fecundos: “Es
necesario desarrollar toda la personalidad humana para la propia
salvación y para un apostolado más fecundo: mente, corazón,
voluntad”
(AD 22).
d)
“La
Providencia actuó... fórtiter et suáviter”
(AD 43)
La “conducta de Dios” en el camino de Santiago se dio
“con fuerza y suavidad”. Dios mira a “preparar
y hacer converger los caminos según su finalidad; iluminar y rodear
con las oportunas ayudas; hacer esperar su hora en la paz; comenzar
siempre desde un pesebre; obrar con tanta naturalidad que
difícilmente cabe distinguir la gracia de la naturaleza, pero,
ciertamente [actuando] las dos”
(AD 43). En efecto, la vocación de Santiago es también fruto de la
intervención de numerosos testimonios, guías y mediadores. Entre
todos esos instrumentos puestos por Dios en su camino, algunos
fueron decisivos para Santiago (y para todo joven que acepta el reto
con Dios).
Ante todo, seguramente, la familia y la madre. El
clima familiar austero y profundamente creyente, laborioso y
confiado en Dios influyeron en la formación del carácter de Santiago
y en sus opciones. Él mismo considera que su vocación “haya
sido fruto de las oraciones de su madre, que siempre le protegió de
modo particular”
(AD 10).
Luego, la maestra, profundamente
cristiana, le sostuvo en sus primeros pasos: “ella le animó y
ayudó mucho” (AD 9) y le acompañó con la oración: “aquella
maestra tan piadosa, que siempre pedía al Señor que algún alumno
suyo llegara a ser sacerdote” (AD 10).
Un papel decisivo desempeña también
su párroco, “sacerdote de gran espíritu, inteligencia e
intuición”, que “siempre le ayudó y acompañó hasta el altar.
También bendijo, después, los primeros proyectos de la Familia
Paulina” (AD 12).
Decisivo fue seguramente su guía
espiritual, el canónigo Chiesa, siempre cercano a Santiago en el
camino emprendido. Además de guía, fue también impagable maestro,
primer colaborador. Y amigo.
e)
“Gran
utilidad...”
(AD 71)
Amante de la historia (AD 66), devorador de libros,
también por su encargo de bibliotecario (AD 66; 71), atento al
camino de la Iglesia (AD 48-57), abierto a los fermentos sociales en
acto mediante la participación en conferencias y congresos sobre
temas sociales (AD 59-61), Alberione vivió como protagonista el
contexto social, eclesial y cultural de su tiempo. Estuvo guiado
siempre por la pasión en favor del hombre y su necesidad de Dios.
Del canónigo Chiesa había aprendido “a
transformarlo todo en objeto de meditación y de oración ante el
Maestro divino, para adorar, dar gracias, propiciar, pedir”
(AD 68). Encuentra así, en la cultura, “gran utilidad”, hasta lograr
captar los signos necesarios para la maduración de su vocación.
f)
“Doble
obediencia”
(AD 29)
En este recorrido vocacional,
Alberione estaba profundamente concienciado de ser un pobre
instrumento. En efecto confiesa que “tanto el comienzo como la
continuación de la Familia Paulina procedieron siempre bajo una
doble obediencia: a la inspiración ante Jesús-Hostia, confirmada por
el director espiritual y, a la vez, a la expresa voluntad de los
superiores eclesiásticos. El obispo, cuando se trató de empezar,
hizo sonar la hora de Dios (esperaba el toque de campana),
encargándole de dedicarse a la prensa diocesana; lo cual le abrió el
camino al apostolado” (AD 29-30).
Iluminado por Dios (a), el P.
Alberione camina decidido hacia la vocación que el Señor le ha
trazado (b). Ante las dificultades o los obstáculos en el camino,
Santiago se deja guiar por Dios, a veces también reprender,
consciente de la propia pobreza y de ser indigente instrumento en
las manos de Dios (c). Y Dios le colma de los dones y ayudas
necesarias para su camino, particularmente de testimonios decisivos
para la maduración de su vocación (d). Fundamental en este camino es
sobre todo la pasión por el hoy y por la cultura que el joven
Alberione vivió, abriéndose a las nuevas necesidades de la
evangelización (e). Y todo y siempre en obediencia a Dios y como
discípulo fiel de la Iglesia (f).
Son estos algunos de los consejos que
el P. Alberione, con su historia vocacional, ofrece a un joven en
camino vocacional. También hoy, en una época de fragmentación y
desorientación, Dios sabrá ofrecer al joven en genuina búsqueda los
guías necesarios y las experiencias decisivas para percibir su
proyecto de amor. Con tal que tenga la valentía de ser, como el P.
Santiago: “Aquí tenéis a un semi-ciego, al que guían; y mientras
camina es iluminado de vez en cuando, para que pueda continuar
avanzando: Dios es la luz” (AD 202).
Si el P. Alberione volviera entre
nosotros, ¿cómo nos hablaría?...

“HE DESCUBIERTO LA FASCINACIÓN QUE JESÚS
EJERCITABA EN MI VIDA”
Hna. M. Paola Gasperini, pddm
Desde hace unos años colaboro, en el
seminario diocesano de Alba, en la orientación de los jóvenes en
discernimiento vocacional y de los seminaristas. Aquí donde el joven
Santiago creció y definió su vocación a servicio del Evangelio, me
pregunto qué diría él si hoy, a los cien años de su ordenación
sacerdotal, volviera a estos pasillos, en medio de esta juventud a
la búsqueda de un sentido que dar a la vida. He tratado de ponerme a
la escucha y dejarle hablar:
“Mis queridos jóvenes: sé que sois
muy espabilados, que no se os pueden contar tan fácilmente
historias. Sé que estáis también muy preparados culturalmente, y
además queréis dar una respuesta a los múltiples “porqué” que
lleváis en el corazón e intentáis así dar sentido a vuestra vida y a
lo que pensáis emprender.
Conocéis la realidad de la Iglesia
(en muchas naciones): un clero cada vez más anciano y cansado; a los
consagrados y consagradas, tal vez no les conozcáis de veras, ni
comprendáis el significado de su existencia. En efecto nadie os
habla dignamente de esa vocación, como preciosa dedicación a Dios
para toda la Iglesia y la sociedad.
Luego, es verdad, está la
espiritualidad eclesial, de una Iglesia-comunión que fascina a
todos, pero que se halla tan sometida a la prueba de tantos
conflictos, contradicciones e incoherencias… No olvidemos empero que
la Iglesia es también la Madre y el seminario diocesano es el
corazón palpitante de la diócesis, donde en el pasado muchos de
nosotros han conocido al Señor, han encontrado la guía para la
propia vida y ahora este lugar se ha convertido en la casa de los
jóvenes.
Amigo/a, no te asusten las fatigas,
los obstáculos, o las otras cosas que no te gustan; vete más bien
adelante en la búsqueda sincera, pues el Señor tiene un proyecto
para ti y sobre ti. Seguramente eres, como yo, un apasionado de la
espiritualidad diocesana expresada incluso en la iconografía
de la capilla del seminario…: pero el Señor puede también pedirte
que partas para países lejanos, como han hecho muchos nuestros
hermanos.
Tú me preguntas, hoy, cómo hice yo
para tener tanto valor. Quisiera decirte sólo una cosa: encontré la
persona de Jesús que, como Maestro, fascinó mi corazón y dio un
sentido a mi vida. Lo descubrí como la Verdad que ilumina, el Camino
que guía con seguridad nuestros pasos, la Vida que nos colma de
gozo. Y él me dijo: «Escucha, tengo necesidad de ti. ¡Hay necesidad
de ti!». Yo quedé aturdido, confuso, feliz, pero también inquieto,
un poco más de lo acostumbrado.
Recuerdo aún con precisión el momento
en que con mayor claridad oí esta llamada: era la noche entre el 31
de diciembre de 1900 y el 1º de enero de 1901. En la catedral se
había celebrado una Misa solemne, siguiéndole luego la adoración
eucarística hasta la mañana. Era un modo extraordinario para
comenzar el año, y a nosotros, muchachos del seminario, se nos había
dado libertad de quedarnos a rezar todo lo que quisiéramos. Aquella
noche no advertí el correr del tiempo: yo estaba demasiado ocupado
en escuchar la Voz interior que orientaba mis expectativas en aquel
comienzo del nuevo siglo.
Desde entonces, aun siendo
jovencísimo, me puse a la escucha de las cuestiones de mi Iglesia,
de mi gente, de lo que estaba acaeciendo en la sociedad, a la
escucha de mí mismo, cada vez más inquieto, insatisfecho. En esa
búsqueda empecé a descubrir que la inquietud no tenía necesidad sólo
de una respuesta humana, psicológica, sino que necesitaba encontrar
un sentido a un nivel más alto: a nivel espiritual.
Es de veras necesario dar un sentido
a la propia vida, y entonces lograrás vivir siempre en la alegría y
serás capaz de mucha entrega. Porque, de hecho, el verdadero sentido
es el que nos hace felices, el que nos permite afrontar cualquier
desafío y sacrificio, dándonos un ánimo enorme incluso cuando hemos
de ir contra corriente.
Descubrí además la fascinación que
Jesús ejercitaba en mi vida. Él se ha propuesto a sus discípulos
como Camino, Verdad y Vida. En estas tres palabras entendí que vivir
como él enseña, orienta decididamente los pasos a dar en los
diversos momentos de la vida; que su palabra es palabra de Verdad,
luz para nuestros pensamientos y conciencias; que él mismo dio su
Vida por nosotros, para que nosotros la tuviéramos en abundancia. El
encuentro auténtico con él, en la sagrada Escritura y en la
Eucaristía celebrada y adorada, me remitía a los hermanos y
hermanas, particularmente a quienes no le conocen y de consecuencia
no poseen la auténtica felicidad.
En suma, la fascinación de aquella
Persona tan especial y el amor a él me hicieron salir de mí mismo,
de mi nido cómodo, de mi egoísmo, de mil miedos que surgían en mi
corazón... Por ejemplo: ¿Seré capaz? ¿Y si me equivoco y todo es un
espejismo? Pero, de veras, ¿cuál es el sueño de Dios sobre mí? ¿Y
cuál el mío sobre mí mismo? ¡Bueno!
Quiero ayudarte un poco: todo sueño
se realiza en una vocación, que a su vez realiza la vida de una
persona.
Hay, con todo, una vocación más
hermosa que las demás: la mía
para mí y la tuya para
ti, sea que te cases, sea que te consagres, sea que te hagas cura,
sea que te quedes en el mundo del trabajo o de la política como
cristiano. ¡Tu vocación!
Me preguntas: «¿Y quién dice que es
de veras mi vocación?».
Tu pregunta es del todo original, por
obvia. Pruebo a ayudarte: a todos nosotros se nos dan unos
instrumentos que podemos decidir hacerlos nuestros o no. Piensa en
el juego de la “caza al tesoro”: cada vez que alcanzas una meta, te
manda a otro punto, hasta que no llegas al lugar donde está
escondido el tesoro.
La
búsqueda en la “caza al
tesoro” se parece a la búsqueda en la vida espiritual: con la ayuda
de quien ha organizado el juego caminas hacia el “tesoro”.
En la vida espiritual eres tú quien
busca, pero otro te acompaña dándote indicaciones preciosas. Te doy
la lista de algunas: la Palabra de Dios, los sacramentos, el guía
espiritual, la comunidad, la oración, los hermanos necesitados, tu
sensibilidad y actitud, etc… Así se llega lentamente a descubrir el
tesoro por el que
puedes gastar toda tu vida.
Me preguntas aún: «¿Dónde se coloca
una espiritualidad como la de la Familia Paulina en la Iglesia y en
relación a su espiritualidad?».
Cada espiritualidad es un don para la
Iglesia, para los hombres del tiempo en que ella nace, pero también
para los demás. Una espiritualidad, en la luz del Espíritu, se da
para ponerla a servicio de toda la Iglesia, donde una completa las
otras: el secreto más grande es la
comunión.
Me parece oírte: tienes miedo porque
ves que a menudo los consagrados parecen pequeñas islas … Pero mira,
el océano de la Iglesia es hermoso por todo lo que en sí tiene vida
y es armonioso porque sirve a la comunión; la Iglesia se hace cada
vez más hermosa porque todos nosotros existimos con ese don que se
nos ha otorgado. ¡Ánimo! No basta entender: es necesario decidirse y
partir para el viaje que es la vida, tu vocación. No aguardes
más”. |